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miércoles, 15 de mayo de 2013

Ya no me sirve la educación tradicional...

No pretendo ser teórico ni fungir como folósofo educativo. Simplemente soy un Diseñador Instruccional (DI) y Tecnólogo Educativo (TE) con experiencia docente (Computadora en la Educación) y en la Administración Universitaria (LMS: BlackBoard y MOODLE). En 1999 comencé mi experiencia laboral como docente universitario y administrador de un centro tecnológico del estado. Desde mis inicios como DI y TE he utilizado la tecnología para diseñar la instrucción y micro-experiencias de aprendizaje aprendidos en la universidad. 

En mi primera experiencia como docente universitario, decidí comprar una computadora portátil (que pesaba 10 libras) y un proyector digital. En esos tiempos la universidad solo disponía de proyectores verticales y hojas de acetato para presentar la información impresa. Durante cuatro años anduve de sala en sala con mi equipo, pues los lugares en los que había un data show eran escasos. Y para utilizarlos, había que llenar una hoja de solicitud de equipo con tiempo. Con ese equipo comencé a diseñar mis primeras presentaciones en PowerPoint para mis cursos siguiendo los elementos de diseño aprendidos en clase. En esos tiempos la tecnología era una maravilla atractiva. El libro de texto era una antología de lecturas provenientes de diferentes autores. Todos los semestres los estudiantes tenían que fotocopiar un paquete de lecturas para participar en las discusiones de la clase. Con el pasar de los meses aprendí a utilizar la tecnología para dictar mis clases magistrales como lo hicieron mis profesores universitarios. Los exámenes los administraba en papel impreso y los evaluaba con una clave. Nunca utilicé el sistema scantron para automatizar la evaluación. 

Luego llegó el BlackBoard donde aprendí a digitalizar el currículo y las lecturas de la clase. Aprendí a utilizar el LMS como un repositorio de contenidos a ser accedidos por los estudiantes para estudiar los conceptos presentados en la clase. Aprendí a digerirles el contenido al idioma español porque muchos alumnos no entendían el inglés. Pensaba que la integración de la tecnología aumentaría la retención de los estudiantes. Pero al final los resultados eran siempre los mismos. Dichos recursos tecnológicos representaban un ahorro siginificativo en el consumo de papel para el recinto, pero un dolor de cabeza para algunos estudiantes que tenían acceso a la Internet desde sus hogares  através de la conexión dial-up. Las extensas lecturas consumían bastante ancho de banda y los archivos tardaban en descargarse. Se podían abrir mejor desde la conexión de la universidad, pero no había un centro de estudiantes con impresoras funcionales. Siempre estaban dañadas o escaseaba el papel.

Unos meses después llegó Moodle y la convergencia de los recursos digitales era más palpable. La gran ventaja del nuevo LMS era que al ser un recurso de código abierto, no le costaba a la universidad el tener que pagar por una licencia anual de la plataforma y sus módulos interactivos (OS). Así que aprendí a diseñar actividades instruccionales: diarios refelxivos, foros de discusión, glosarios, encuestas, páginas wikis, blogs y pruebas online. En aquel tiempo era mucho más fácil dictar una clase interactiva con todos esos recursos digitales disponbles para los estudiantes. En 2005 conocí Blogger sin saber que era una herramienta 2.0. Así que me dediqué publicar algunos blogs con el objetivo de transcribir las lecturas de la clase al español para beneficio de los estudiantes. Una maravilla de tecnología disponible en la web del .com sin tener que depender de la infraestructura tecnológica universitaria. Un recurso tecnológico 2.0 utilizado de manera unidireccional y pedagógicamente tradicional: solo para la lectura. 


No fue entonces hasta 2008 que comencé a utilizar todas estas herramientas tecnológicas disruptivas que hoy conocemos. Aprendí a teorizar mi propia práctica desprendiéndome del Modelo de Diseño Instrucional ADDIE y otros teóricos estudiados en el máster. Comencé a utilizar los recursos Web 2.0 como plataforma de eLearning. Me he ido convirtiendo en un educador disruptivo que NO sigue las prescripciones de los conocidos teóricos pedagógicos. Desde ese entonces comencé a pensar de manera diferente sobre la educación de nuestros tiempos.  

Ahora les explicaré por qué pienso así:
  1. MultiDispositivos
    Mi conocimiento ya no es suficiente, absoluto e incuestionable: El conocimiento está en las personas, las cosas, las organizaciones y en diferentes lugares. Ya no necesitan de mí para consultar, aclarar dudas o hacer lo que les gustaría hacer. Lo que necesitan es saber manejar los dispositivos para encontrar la información apropiada en un momento dado. Lo que ellos necesitan es desarrollar la capacidad de aprender lo nuevo y desprenderse de toda destreza o habilidad que no resulte productiva. Si hay una manera en la que he progresado mucho en mi campo de interés ha sido estableciendo nuevos vínculos sociales con las personas que también les gusta aprender. He aprendido a mirar el ámbito pedagógico actual desde puntos de vista convergentes y divergentes. En esta era el contenido somos nosotros y tenemos que saber conectarnos con las personas que siempre están aprendiendo a hacer cosas diferentes, no con las que se dedican solamente a enseñar. No podemos quedarnos con el conocimiento del grado, pues éste es evolutivo y en constante movimiento. El conocimiento absoluto ha dejado de existir, y cualquier postura tradicional o emergente debe ser cuestionada y estudiada a profundidad antes de ser adoptada. Es una lástima que hayamos programado a nuestros aprendices a absorver todo lo que dicen sus maestros/profesores. Muchos alumnos no se atreven a hacerlo por temor a poner en riesgo sus calificaciones. En otras instancias, muchos profesores se quedan esperando las aportaciones de los estudiantes, pues éstos han sido adoctrinados para atender, copiar y memorizar. 

  2. Mismas estrategias,
    iguales resultados
  3. La tecnología no me sirve para enseñar: La tecnología que hoy disponemos no nos funciona como la del siglo 20. Los estudiantes la deben utilizar más para aprender a: crear, construir, gestionar, investigar, solucionar problemas, inventar, explorar, descubrir, compartir, socializar, diseminar, involucrar, comunicar y conectar globalmente. En vez de poner los estudiantes a atender nuestras conferencias magistrales y demostraciones, deberíamos promover el que los estudiantes diseñen sus propios proyectos y los presenten en clase. Nosotros también deberíamos diseñar nuestros recursos de aprendizaje. Para eso nos pagan. La tecnología nos ayuda a internacionalizar el aprendizaje al vincularnos con personas que tienen intereses similares y buscan aprender desde la diversidad de posibilidades. Ya no creo en el diseño sistemático de la instrucción a través de las mismas plataformas unidireccionales. Prefiero diseñar diversas ecologías de aprendizaje informal donde los alumnos participen activamente desde la multiplicidad de ambientes, plataformas, medios, formatos, sistemas, recursos y aplicaciones. En el siglo 21 tenemos que pensar en experiencias sociales que contengan menos instrucción y más aprendizajes; más tutorías/coaching y menos discursos magistrales.
  4. Millennial Generation
  5. La cultura de la inmediatez: Los estudiantes de esta generación aprenden con mayor rapidez que las generaciones antecesoras. Y con la misma velocidad que retienen lo nuevo, lo olvidarán, debido a que sus niveles de atención se dispersan entre diferentes intereses. De igual manera están preparados para hacer sus tareas (tradicionales) de inmediato y con los requisitos mínimos indispensables. Por tanto se debería pensar en el diseño de micro-experiencias laborales. El punto es que las actividades de aprendizaje deben dirigirse más hacia el aprendizaje basado en el trabajo real. Gran parte de los procesos/procedimientos enseñados en clase se practican en contextos artificiales que no se realizan en el mundo real. Luego son evaluados y traducidos en resultados cuantitativos. Por tanto, aprobar no puede ser una condición de aprendizaje. La memoria de los estudiantes funciona mayormente en el momento y si no se diseñan actividades de aprendizaje dirigidas hacia el trabajo real se disolverá gran parte del conocimiento adquirido. Por eso, la educación debería trabajarse más en comunidades de práctica que en en masas de grupos. Trabajar en comunidades promueve la constante reflexión sobre lo que se hace. Cuando se generan nuevas teorías a base de la práctica se podrían alcanzar  objetivos superiores, comparado con la réplica de teorías que otros han creado antes. Replicar un proceso es como seguir al pie de la letra una receta para confeccionar un alimento. El aprendizaje se concentra más en aumentar el nivel de productividad. Pienso que si queremos ser más efectivos en el proceso de aprendizaje, deberíamos ser más prácticos que teóricos, pues el fin ahora es mejorar la calidad del producto. Y eso se hace a través de la práxis reflexiva, no aprobando exámenes estandarizados. Tenemos que romper la cultura del facilismo que impera en nuestra comunidad educativa.
  6. Educación formal
  7. Para qué tanta formalidad: No hace tanta falta profesionalizar el aprendizaje de los estudiantes. Cada persona aprende de manera diferente y a diferentes ritmos. El cerebro NO opera bajo la formalidad; aprende de manera orgánica o natural. Tampoco es lineal; aprende a base de la configuración de redes neuronales y artificiales. La enseñanza estructurada no encaja con el aprendizaje del siglo 21 enREDado. Por qué regular tanto la enseñanza, si el aprendizaje (que es un proceso interno y abstracto) no puede ser regulado. Nuestros cerebros no son discos duros a los que se les instala programas para saber cosas y hacer cosas específicas. Si en una experiencia de aprendizaje las actitudes, emociones o reacciones inesperadas, súbitas y universales, por qué la educación tiene que ser estructurada, objetivizada y planificada al dedillo. Creo que la formalidad limita el desarrollo de la mente creativa, imaginativa, artística y divergente. La cognición no tiene porqué ser extramadamente pasiva. El sistema educativo prepara profesionales para integrarse a las organizaciones de estructuración burocrática. Pero cuando los estudiantes entran a formar parte de las nuevas redes colaborativas o de práctica, se mantienen en la dimensión pasiva y contemplativa en la que fueron programados. 

    Ser un educador informal no consiste en ceder o perder su autoridad y control de grupo. De lo que se trata es de propiciar nuevas dimensiones de aprendizaje significativo basadas en la multiplicidad de conexiones con el mundo en el que vivimos. No tenemos que ser tan formales para aprender. ¿De qué nos sirve tanta escolarización? El aula ya no me sirve para enseñar, sino para conectar a los aprendices con un horizonte de posibilidades. Las grandes ideas, las investigaciones trascendentales, las mejores soluciones, los mejores descubrimientos no provienen de la formalidad del aula; provienen de la integración profunda con la realidad difusa y caótica del fenómeno bajo estudio.
    ¿Acaso existe alguna correlación entre la formalidad y el aprendizaje? Si la hay, que alquien nos explique dónde.
  8. Estrategias Cualitativas
  9. A nuevas tecnologías de aprendizaje y conocimiento, nuevas estrategias de reflexión: Así como el agua y el aceite no mezclan, tampoco lo hacen las nuevas tecnologías con las viejas modalidades  de evaluación estandarizadas. Y es que ya no hace tanta falta  'evaluar como suceso', sino que tenemos que aprender a 'reflexionar como proceso' conjuntamente. Necesitamos conectar los pensamientos, actitudes, emociones y acciones de los aprendices con el conocimiento adquirido. La evaluación cuantitativa es un indicador limitado de todo un proceso complejo de aprendizaje. No solo se trata de medirlo basándose en contenido almacenado, sino de aprender a accionarlo en diversidad de experiencias. Los educadores debemos diseñar nuevas estrategias para conocer los niveles de aprendizaje de nuestros alumnos. El aprendizaje se analiza mejor a través de la solución de problemas, proyectos desafiantes, actividades dinámicas y situaciones reales de la vida diaria. Los estudiantes deberían trabajar con los datos que provienen de múltiples servicios de acceso para convertirlos en conocimiento explícito de utilidad. Memorizar ya no es la única condición de aprendizaje. Demostrar que tenemos conocimiento sin llevarlo a la práctica diaria NO nos sirve de nada en esta era. En cambio, tenemos que accionar nuestro conocimiento, emociones y acciones para transformar nuestras vidas y las de los otros. A veces pienso que la teoría de Inteligencias Múltiples solo se trata de un cosmético pedagógico que se promulga mucho en el contexto educativo, pero que muy pocos lo practican en el aula. Las inteligencias múltiples existen, lo que no existen son experiencias instruccionales dirigidas a cada inteligencia. Los modelos, estrategias o técnicas los tenemos que crear nosotros los educadores. La experiencia docente a lo largo de 14 años me ha demostrado que los estudiantes obtendrán los mismos resultados en las pruebas estandarizadas con o sin tecnologías instruccionales.
  10. Edumorfosis.it
  11. Los contenidos están desapareciendo porque ahora se están convirtiendo en servicios: La educación bulímica de ayer no me sirve para trabajar con la cultura social del siglo 21. Las casas edutoriales están cerrando poco a poco porque las personas están accediendo a paquetes distribuidos de conocimiento abierto. Dichos recursos de aprendizaje se les conoce como servicios. Gracias a las plataformas sociales muchos profesionales comparten sus conocimientos en los servicios que administran (PLE, SLE, PDE, CoIN, PLMS). Dichos contenidos son constantemente actualizados, remezclados, derivados y distribuidos en diferentes formas de representación del conocimiento. Ya no hay que ir tras el conocimiento; con los recursos tecnológicos emergentes, la información llegará a nosotros de manera automatizada y filtrada según nuestros intereses particulares. El aprendizaje consiste más en saber dónde encontrar los servicios de contenido, que el saber el contenido que hay dentro de los servicios.  Por ende, el Contenido como Servicio (CaaS) se dirige más hacia el mejoramiento (crecimiento) de las sociedades y no hacia sus niveles de productividad. Esto quiere decir que el contenido será utilizado en función de las necesidades particulares de cada participante según su interacción con el contexto donde se encuentre en un momento dado. Los aprendices determinarán qué recursos necesitarán, con la ayuda del educador como accionador, guía/coach, tutor o mentor de procesos (no sucesos).
  12. Destrezas del Siglo 21
  13. El contenido no genera perfiles articulados a la creciente demanda de la sociedad del conocimiento: Muchos currículos están diseñados para aplicar la teoría en actividades de índole memorística-repetitiva. Una vez aprobado un nivel, se pasa al siguiente, y así sucesivamente hasta el final. El error que se comete es que muchos educadores se enfocan más en el desarrollo de perfiles intelectuales que en los socio-culturales y profesionales. De ahí vienen los profesionales que salen a la calle con conocimientos, pero sin las competencias requeridas para realizar las tareas laborales efectivamente. Hemos obligado a muchos estudiantes a estudiar, pero no a crear su ambiente de aprendizaje donde poner en práctica lo aprendido en clase. Los graduados saldrán al exterior a buscar empleos sin tener los perfiles que de demanda la sociedad del siglo 21. Están preparados para laborar en entornos restringidos y amurallados, esperando las órdenes de sus superiores. Muchos educadores se han encargado de crearle las culturas a sus estudiantes a lo largo de sus años de estudio. Los practicantes TIENEN que ser igual que ellos cuando salgan de la universidad. Esto limita el desarrollo del YO, la originalidad nuestros rasgos individuales. No vale la pena seguir el mismo sendero que siguieron nuestros educadores para llegar hasta donde están. Por tal razón le atribuyo el término 'pedagogía de la escasez', porque se roban las posibilidades de la auto-realización, autonomía, creatividad,pensamiento divergente, análisis crítico y reflexivo, alfabetismo digital, ciudadanía digital, pensamiento adaptativo e innovador, pensamientos dirigidos al diseño, alfabetismo digital, gestión de la atención, libertad geográfica, conciencia global, capacidad de colaboración, aprendizaje contextual, ecologías transversales y la desprofesionalización del aprendizaje. Estos SÍ son varios de los perfiles que necesitan afianzar los profesionales del siglo 21.
  14. Escuela como nodo social
  15. La arquitectura académica está diseñada para el aprendizaje monomediático: Las aluas que tenemos responden a la era del Fordismo. Están hechas para el conocimiento encapsulado por secciones y el control absoluto de la conducta. Todo lo que se hace en el aula está monomediatizado porque todo lo han convertido en una plataforma única e irremplazable. La diversidad está prohibida. Lo que ocurre en el aula no trasciende fronteras, se queda encerrado en las cuatro paredes porque no motivan al estudiantado a practicarlo en otros lugares y con otras personas. Las escuelas que tenemos NO están hechas para el movimiento y la distracción, socialización radical, ecologías caóticas y personalización del aprendizaje. Están echas para una masa igualitaria. La generacion actual y las que vienen NO están adaptadas a la pasividad, el silencio y la contemplación imperante en el aula del siglo 20. No generan la actividad porque es más económico para el estado promover el aprendizaje de una sola manera, utlizando el hemisferio de pensamiento lógico-racional, utilizando recursos limitados, calendarizando el aprendizaje y agrupando a los aprendices por edades (no por capacidades). El sistema educativo enseña en el mismo lugar, con una sola plataforma tecnológica, con limitados recursos didácticos (de alto costo de producción) y con la misma estandarización del conocimiento. Y eso es precisamente lo que estamos generando: Ciudadanos Estanradizados. Y es que no podemos seguir viendo a las estructuras organizacionales como lugares estables donde se hacen las mismas cosas a través de las décadas sin cuestionarlas. Muchos han comenzado a generar nuevas narrativas económicas, políticas, científicas, ambientales y pedagógicas con el fin de convertir al mundo en uno más saludable, seguro y sustentable. 
En fin, siento que ya no me sirve la educación tradicional en la práctica pedagógica. Las mismas cosas que hacemos todos los educadores ya no generarán nuevos resultados. Hacer lo mismo con o sin tecnología no me convertirá en un educador vanguardista. Creo que deberíamos reflexionar profundamente sobre la conceptualización de lo que hoy día representa enseñar y aprender. Si no revolucionamos nuestra práctica pedagógica, tecnológica y conceptual, los esfuerzos de 'innovación' para mejorar lo que tenemos serán en vano....

domingo, 21 de abril de 2013

Socialización en el aula... ¿Dónde?

Fuente: www.jimtheillustrator.co.uk
A diario me topo con publicaciones digitales y comentarios de algunos colegas educadores criticando a las Plataformas Sociales, Redes de Aprendizaje Cognitivo, Cursos en Línea y MOOCs, por el hecho de ser recursos tecnológicos deshumanizantes que limitan las capacidades de integración social de los estudiantes. Sus ideas consisten en que en la escuela/universidad son los contextos ideales para que los estudiantes y educadores establezcan fuertes vínculos sociales a través de las actividades instruccionales y extracurriculares a realizar en el ciclo académico. Nada mejor que el aula para que los estudiantes compartan sus ideas, conocimientos y proyectos socio-culturales. Según ellos, los recursos tecnológicos emergentes NO fomentan aprendizajes, sino puro ocio y entretenimiento digital. Muchos los consideran como artilugios que aislan a l@s niñ@s/jóvenes del entorno social en el que se encuentran en un momento dado. Y en cierto sentido lo que plantean tienen elementos a ser considerados

Pero cuando tengo la oportunidad de visitar escuelas y universidades mepercato de que NO es tan cierto el hecho de que el aula tradicional se consiere como la plataforma exclusiva de la integración social. No puede negarse que a nivel socio-cultural los estudiantes (y algunos educadores) socializan libremente en diversas áreas del centro educativo. Sin embargo, cuando pasan por la línea de entrada al aula se culmina el proceso socilizador. Los estudiantes tienen que sentarse en sus pupitres, deben permanecer silenciosos, estar atentos al discurso magistral y participar cuando se les autorice.

Es entonces que comienza mi mente a reflexionar sobre algunas realidades del aula tradicional:
 

  • No existe tal socialización, y mucho menos creatividad, en un ambiente extremadamente restringido.
  • No existe metodología alguna orientada a la integración social. Trabajar en grupos no es lo mismo que trabajar con las personas. 
  • No se practica la educación empática ni la inteligencia emocional dentro ni fuera de la sala de clases.
  • El aula regula excesivamente el proceso de aprendizaje social.
  • El curso basado en contenidos limita significativamente la práctica de integración social entre los estudiantes y el maestro. El formato curricular no da el espacio para trabajar en la solución de problemas sociales contemporáneos.  
  • La instrucción tradicional en el aula solo fomenta la competencia y el aislamiento entre los estudiantes en su proceso de aprendizaje.
  • El ambiente de aprendizaje tradicional, con pupitres colocados en filas convierte a los estudiantes en una cadena de producción industrializada.
  • Los estudiantes están mayormente acostumbrados a cooperar, pero no a colaborar. Han creado una cultura del 'like' en Facebook, pero de baja participación en el entorno físico de aprendizaje.
  • El elitismo de algunos educadores provoca baja participación y vinculación social entre los estudiantes, porque el objetivo de aprendizaje se centra en tratar de alcanzar el nivel intelectual del profesor.  
  • El aula tradicional ha sido construida para que tod@s los estudiantes piensen y actúen igual que sus profesores. En pleno siglo 21 contamos con escenarios en los que se prohibe el pensamiento divergente y el cuestionamiento de las estructuras vigentes. 
  • No tiene nada de social el ofrecer continuamente conferencias magistrales, para luego tomar pruebas estandarizadas. 
  • La segregación entre los estudiantes que tienen y los que no tienen es altamente perceptible.
  • Los estudiantes con apariencias diferentes suelen ser marginados. De igual manera por su nacionalidad, origen cultural, preferencias personales, clase social, creencias religiosas y políticas.  
  • Dónde queda la socialización, cuando la facultad de un departamento detesta a los de otro, o compañeros de una misma facultad se desprecian mutuamente. 
  • Al finalizar la jornada académica, cada alumno sigue su propio camino, con pocas excepciones en las que dos o más coinciden en asistir a otro mismo lugar. Después de clases, se pierde aún más el contacto con los compañeros de clase. Lo ideal es que la clase sea para crear vínculos sociales en los que se experimente, conversen, solucionen problemas y colaboren conjuntamente en proyectos de conocimiento.
  • Los laboratorios de computadora restringen el acceso a servicios, herramientas y recursos de aprendizaje gratuitos. Aislamos a los estudiantes al utilizar softwares privativos de las grandes compañías. Los trabajos se reducen al laboratorio porque los programas están restringidos para utilizarse solo en ese escenario y no desde otros espacios de aprendizaje.
  • Los ministerios de educación pretenden solucionar los problemas educativos con tecnología, cuando lo que se tiene que atender es el abandono de todos los sectores sociales. Los maestros no son culpables de todo lo que sucede en el contexto académico.   
  • Si la escuela es el lugar ideal para socializar, por qué vemos a diario tantos casos de bullyng y cyberbulling. ¿Qué hace la administración y la docencia al respecto?  
Sin embargo, mi experiencia personal en la dimensión virtual ha desvanecido completamente los planteamientos deshumanizantes de algunos colegas educadores.
Colegas Educadores en Twitter
  • He conocido estudiantes, educadores y otros profesionales de diversas partes que me han enseñado a mirar al mundo desde múltiples perspectivas para entenderlo mejor. Jamás aprendería lo que hoy sé si no los hubiera conocido.
  • Hemos creado un clima de amistad, respeto y admiración por cada persona que se une a la red. Se ha convertido en un ritual mañanero el saludarnos digitalmente todos los días de la semana. Juntos, hemos fomentado un ambiente empático en el que compartimos nuestros triunfos y adversidades.
  • A veces, siento que comparto mejor con personas desconocidas de las redes que con los compañeros de labores diarias.
  • Esta dimensión virtual le ha añadido nuevas capas a mis relaciones sociales, pues la gente que me conecta conocera lo que hago cuando me disperso entre lo físico y en lo digital.
    Estudiantes conectados a conferencia virtual
  • Los estudiantes socializan mejor cuando se conectan en actividades con los medios que les permiten expresarse y participar libremente. 
  • La colaboración, participación, empoderamiento e involucración es tan grande o mayor que en la dimensión presencial. 
  • Se respeta la diversidad de ideas, conocimientos y experiencias personales.  
  • Ya no aprendemos con grupos pequeños, lo hacemos desde las redes de prácica, PLE, SLE, CoIn, con miles de personas... 
  • No nos vemos compo parte de un grupo, sino como nodos sociales que sinápticamente compartimos actividades, conocimientos e información.
Mi punto final es el siguiente, los recursos tecnológicos no llegaron para remplazar a los educadores en el proceso de aprendizaje. Al contrario, llegaron para extender nuevas capas al permitirnos llegar a muchas otras personas a través de múltiples formas de representación del conocimiento. Tanto la interacción social en la presencialidad como en la virtualidad son esenciales en el siglo 21. No podemos demonizar ni una ni la otra. Ambas modalidades tienen sus luces y sus sombras. Un curso en línea puede ser tan deshumanizante como uno en el aula, y tan socialmente enriquecedor en la virtualidad como en la presencialidad. Lo que realmente está sucediendo es que los roles del educador ya no consisten en transmitir conocimientos provenientes de los medios analógicos. Los educadores deberían convertirse en los Diseñadores de sus propios recursos de aprendizaje, EduCientíficos, Administradores del conocimiento (PLE, SLE, CoIn, PKM, PDE), Programadores y Accionadores de aprendizajes. Ser facilitadores, ya no es suficiente porque continuarían en su rol rutinario de instructores. 

Esto no se trata tanto de recursos, medios o canales. Se trata del deshumanizar el aprendizaje cuando regulamos la participación activa del estudiantado. El mantenerlos sentados contemplando pasivamente lo que ocurre en el micromundo del aula, cuando en el exterior la gente aprende en medio del movimiento y la distracción. Donde la conducta pasiva de la atención está por encima de la actividad de aprender desde contextos laborales reales. En imponer un currículo estándar a toda una diversidad de intereses, necesidades y preferencias. Es limitar las capacidades de pensamiento crítico y divertente que hay en cada uno de nosotros. De castrar el desarrollo creativo y emprendedor. Es el coexistir en un mundo académico completamente desvinculado de la realidad política, socio-cultural, económica, científica y tecnológica en la que vivimos. Se deshumaniza el aprendizaje cuando convertimos la escuela/aula en una plataforma única que restringe la libertad geográfica de toda una comunidad. Cuando se cohiben las múltiples manifestaciones de ha inteligencia humana. El pretender construir las culturas de los estudiantes cuando ellos quieren aprender a construirlas por sí mismos. Restringirles el acceso a los recursos tecnológicos emertentes con los que se identifican a través del timbre de su propia voz. Al intentar cambiarles sus estilos de aprendizaje individuales con innovaciones superfluas que al final terminarán siendo iguales a las de antes. Deshumanizamos el aprendizaje cuando les limitamos las posibilidades de comuncarse con estudiantes, profesores y profesionales de todas partes del mundo, de diversas culturas y desde una gama de dispositivos móviles.

Socializaremos más la educación del siglo 21 cuando libremos a los estudiantes de la excesiva dependencia del educador como figura principal del aprendizaje, sustituyéndolos por las realidades del contexto laboral donde se les proporcionará conocimientos y competencias a través de la interacción con comunidades de práctica reales. El conocimiento teórico será utilizado por los estudiantes en función de las dificultades encontradas a lo largo de sus relaciones con las personas y las cosas... 


¡Humanizaremos más la educación cuando las murallas catedrales sean derrumbadas y nos permitan movernos hacia una globalización descentralizada!

lunes, 25 de marzo de 2013

Del saber sobre las cosas, al accionar las nuevas cosas...

En uno de esos recorridos diarios por Facebook me topé con una interesante imagen compartida por el Dr. José Ferrer, sobre una oferta de empleo publicada en la edición dominical impresa de El Nuevo Día. Se trata de una convocatoria abierta para ocupar un puesto disponible en una agencia emergente de publicidad. Si observas bien los requisitos verás que la prioridad consiste en una serie de destrezas, habilidades y capacidades altamente creativas, con tres años de experiencia en el campo. Mientras que las credenciales académicas han quedado en otro plano. Esto no significa que hayan dejado de ser necesarias, sino que han sido complementadas con otras competencias superiores. De seguro, este anuncio es uno de muchos otros que estarán publicándose en los medios impresos y digitales próximamente. El punto que me interesa abordar es el siguiente: Los patronos del siglo 21 estarán en búsqueda personas proactivas, dinámicas, resilientes y desafiantes. ¿Qué es más importante para el sector empresarial, el saber sobre las cosas o saber hacer nuevas cosas?
 
Y es que evidentemente nos encotramos ante una transición del post-digitalismo
industrial, hacia un nuevo paradigma en donde el conocimiento es la materia prima de las nuevas narrativas económicas que generarán sustentabilidad. Los empleos corporativos que continúan operantes requieren que los funcionarios se movilicen a sus puestos de trabajo para realizar funciones específicas. El sistema universitario que tenemos entrena a los futuros profesionales para este paradigma socio-económico. Cada año se lanzan a la calle miles de jóvenes a competir por los pocos puestos de trabajo disonibles en el mercado laboral. Gran parte de los programas académicos adiestran a los estudiantes para trabajar en oficinas o laboratorios encapsuladas en los que se espera que un superior les ordene constantemente lo que tienen que hacer. 



He escuchado a algunos exalumnos cuestionarse el por qué tienen que pasar tantos años de estudio luchando por un título universitario con el que terminarán convirtiéndose en futuros desempleados, deudores, sub-empleados y realizando actividades totalmente distintas a las practicadas en el aula. Es decir que vivimos en un abismal desfase entre la irrealidad académica y la realidad socio-laboral. Esta realidad me lleva a pensar que hoy día no es tan importante el saber sobre las cosas, sino que el saber hacer con lo que ya sabemos e ir aprendiendo en la marcha junto a los demás es verdaderamente primordial. Tener la capacidad de seguir aprendiendo lo nuevo es más importante que lo aprendido hace años atrás. La educación se ha convertido en un suceso terminal y no en un proceso de aprendizaje permanente. Es por eso que la mayoría de los estudiantes no van más allá de lo presentado en clase, no participan en conversaciones globales, no se involucran en actividades socio-colaborativas, no saben aprender a aprender, a desaprender y reaprender. Se ha establecido una cultura universal de que si no es por una calificación, no habrá participación. Y si no paticipan, tampoco aprenderán de maneras divergentes. Su cultura imperante es la del 'like' de Facebook, y fuera de eso no hay nada más en la ciudadanía digital. El punto es que así han sido entrenados a lo largo de su carrera estudiantil: contemplar pasivamente lo que dicen y hacen los demás.

Por otra parte, este paradigma del saber hacer ha provocado que las escuelas y universidades de toda la vida hayan perdido su hegemonía frente a los nuevos modelos disruptivos de aprendizaje: multidimensional, multidireccional, multicontextual, multimodal, transgeneracional y transcultural. De nada nos sirve la inteligencia de antes si esperamos que los resultados sean diferentes. Si verdaderamente queremos alcanzar nuevos resultados, tenemos que accionar el conocimiento conjuntamente, hacerlo útil, medir su impacto, promover la inteligencia accional mediante analíticas, tangibilizar el conocimiento alcanzado y hacerlo manipulable en diferentes formas de representación. La inteligencia humana termina en la acción continua, no en los programas de educación continua. Gracias a la acción, lo irreal puede hacerse real. Para Juan Domingo Farnós la acción:
  • Se lleva a cabo en el mundo real, no dentro de la cabeza de alguien
  • Se lleva a cabo en el trabajo, no durante un evento de capacitación
  • Es real porque tienen lugar en el mundo real y nos ayuda a alcanzar nuestro objetivo 
  • Para identificar lo que nuestros estudiantes necesitan saber, primero tenemos que identificar lo que necesitan hacer. Luego podremos determinar si el problema realmente es una falta de conocimiento
  • Se lleva de manera natural y no empujada por terceras personas (añadida por mí)
Tenemos que entender que los objetivos que perseguimos ahora ya no son los mismos de antes. Y es que nosotros mismos ya somos el contenido y aprenderemos todo el tiempo de todos los que quieren aprender, no de los que figuran sus títulos para enseñar. Establecemos relaciones de paridad y nuevas arquitecturas de participación ciudadana basadas en encuentros dialógicos multidimensionales, convirtiendo a las personas en importantes nodos de opinión y de saber.  En el siglo 21 los educadores deberían alejarse de sus viejas prácticas metodológicas y acercarse a las nuevas maneras distribuidas de apender.  El uso inteligente de los datos gestionados por los estudiantes nos ayudará a desarollar nuevos modelos de análisis con los que podemos descubrir  conocimientos innovadores y conexiones sociales, que  a su vez nos permitirá asesorar y predecir la diversidad de aprendizajes con las que se puede trabajar

El planteamiento que deseo compartir con ustedes es que "la educación debe estar vinculada a otros contextos que no son propios de la biblioteca, escuela y universidad, porque éstos ya no son los centros exclusivos de aprendizaje" (Nicholas Burbules). La escuela del siglo 21 ya no es único lugar de enseñanza, sino que se ha convertido en un nodo central de toda una compleja red que se conecta con otros lugares en los que también se aprende. John Moravec, Juan Domingo Farnós y otros educadores disruptivos han establecido un poderoso vínculo entre el trabajo y el aprendizaje: aprendemos más cuando trabajamos, y trabajamos mejor cuando aprendemos. Stephen Downes entiende que la persona que está haciendo su tarea, cualquiera que ésta sea, se convierte en una acción que enseña a otros cómo hacer su trabajo. Las dos actividades se convierten en una. La acción de trabajar crea un modelo para ser seguidos por otras personas. En la educación del futuro la persona será capaz de seguir su propio progreso por su proximidad en el centro de su comunidad. 

Y esto es precisamente lo que los patronos del nuevo milenio buscan en sus empresas emergentes: Puestos de trabajo relacionados con la creación de conocimiento, innovación y la gestión de la información convertidos en actividades mucho menos vinculadas a un espacio o lugar específico. Habilidades, destrezas y actitudes disruptivas que permitan a estos trabajadores del nuevo paradigma actuar dentro de una amplia variedad de espacios y contextos, mezclando lo real y lo virtual de una manera líquida. Este será el nuevo perfil de trabajador knowmad capaz de reconfigurar y recontextualizar sus entornos de trabajo, en un mundo en el que mayor movilidad también se traduce en la creación de nuevas oportunidades (Cristobal Cobo). 



No podemos seguir promoviendo la educación para revivir el sistema colapsado que tenemos aumentando el PIB, las acciones o los bonos a base del esfuerzo del capital humano. La educacion del nuevo milenio debe estimular la exploración creativa con independencia de pensamiento, con disposición a cruzar fronteras para desafiar las creencias aceptadas. Qué mejor entorno que la escuela/universidad para explorar las nuevas maneras de solucionar las crisis que tanto nos aquejan, sin tener que invertir tantos millones en innovaciones superfluas de los gobiernos que limitan las capacidades creativas de nuestra ciudadanía
 
Según Teresa Rodríguez, "nuestro régimen educativo ha sido diseñado para sostener el estatus quo, exactamente el mismo modelo de la maquinaria industrial dominante en el que ha llegado el momento de encontrar alternativas. Los regímenes centrados en pruebas solo se adaptan a la instantaneidad acerca de los sucesos vividos por una sociedad en un periodo de cambio continuo y acelerado, sino que también se oponen al pensamiento creativo, síntesis necesaria para trabajar en un nuevo paradigma y ciudadanía efectiva". Esto significa que los exámenes sí pueden ser herramientas útiles al contribuir con los fines constructivos de la educación. Pero si sólo se trata de una serie de obstáculos que hay que atravesar, carecerán de sentido alguno, tanto como nos distraeremos de lo que genuinamente queremos accionar. Las pruebas deben ser herramientas complementarias que ayuden a los estudiantes a concienciarse sobre su proceso de aprendizaje y para que nosotros los educadores diseñemos actividades enfocadas al saber hacer... "Ya no es tan importante el material que se cubre en el aula, sino lo que el estudiante es capaz de descubrir a través de su libre exploración".

Ya el Departamento del Trabajo de Estados Unidos y la organización Future Works lo anunciaron recientemente:
El 65% de los estudiantes terminará en trabajos que todavía no han sido creados. Y a la misma vez, mi pronóstico personal es que los alumnos estudiarán carreras profesionales para ocupar puestos de trabajo que ya no existirán más.

La universidad debería comenzar su proceso de transformación si no quiere convertirse en una institución totalmente irrelevante para la sociedad del siglo 21. ¡Este es el momento de comenzar a ACCIONAR!


El futuro está aquí, pero está mal repartido, pues un 1-5% de los profesionales serán disruptivos y dispondrán de todo un horizonte de posibilidades laborales.