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domingo, 14 de noviembre de 2021

La Metaversidad ¿Es posible? (Parte I)

Plataforma Virbela 2020

Hace unas semanas atrás Mark Zuckerberg anunció su visión para transformar la exitosa plataforma social a los mundos inmersivos. Esto llevó a cambiar el nombre de Facebook por la nueva marca Meta para reflejar el viraje de sus prioridades hacia lo que definió como el metaverso, el nuevo mundo de realidad virtual en su plataforma social. El anuncio provocó un revuelo a nivel global asegurando que la Internet se convertirá en una red completamente diferente a la que estamos acostumbrados a navegar. Incluso, se ha anunciado recientemente que para el mes de diciembre el workplace de Meta se integrará con el SharePoint, OneDrive y la suite Office 365 de Microsoft. La finalidad de este junte consiste en facilitar la comunicación de ambas plataformas sin necesidad de alterarlas. De este modo, los usuarios se mantendrán al día accediendo información importante para expandir los cananes de retroalimentación y el compromiso con sus quehaceres laborales.

A esta novedad se añade la posibilidad de transmitir las reuniones que se producen en Teams a los grupos de Workplace, de modo que los usuarios podrán reproducirlas, así como los eventos que se den en este espacio en directo desde cualquier aplicación que estén utilizando en el momento en que estas tengan lugar o visualizarla después en 'streaming' (La Razón, 2021).  

Mis roles como Tecnólogo Educativo, Diseñador Intruccional y Docente virtual me llevaron a experimentar con tecnologías de Realidad Virtual hace muchos años atrás. Puedo mencionar algunas plataformas con las que he trabajado: Second Live, Edorble, Virbela, FrameVR, Mootup, Virtway y Mozilla VR. De seguro que debe haber otras plataformas operando mucho antes de la pandemia del COVID-19. La experiencia en el ámbito educativo ha sido increíble. La participación de profesores y estudiantes es significativa. Esto demuestra que las plataformas de realidad virtual funcionan mejor para empoderar a las personas en su proceso de aprendizaje. Son herramientas digitales que facultan la práxis de pensamientos cognitivos superiores. Los aprendices toman roles activos a través de la participación dinámica, hiper-socialización, debates, experimentación, exploración, diseminación, creatividad, invención, empatía, análisis crítico y reflexivo. Utilizan diversos canales comunicativos para sostener encuentros dialógicos con personas de diferentes nacionalidades y rasgos culturales sin la necesidad de moverse desde donde están. 

Plataforma Learnbrite (2020)

Pero, ¿qué son los metaversos? ¿cuál será el impacto en el ámbito empresarial,  laboral y educativo? Estas son algunas de tantas interrogantes que iremos contestando a lo largo de la experiencia con nuestros avatares los mundos inmersivos. En esta primera parte estaremos definiendo el concepto y tocando base sobre algunos elementos importantes de los metaversos. 

El término metaverso es un acrónimo de meta, que significa trascendente, y verso, que se refiere al universo. Se basa en una red de entornos virtuales siempre activos en los que muchas personas pueden interactuar entre sí y con objetos digitales mientras operan representaciones virtuales, o avatares, de sí mismos. El novelista de ciencia ficción Neal Stephenson acuñó el término en su novela de 1992 "Snow Crash" para describir el mundo virtual en el que el protagonista, Hiro Protagonist, socializa, compra y vence a los enemigos del mundo real a través de su avatar. 

Hay tres aspectos clave del metaverso: presencia, interoperabilidad y estandarización (WEF, 2021): 

  1. La presencia es la sensación de estar realmente en un espacio virtual, con otros virtuales. Décadas de investigación han demostrado que este sentido de encarnación mejora la calidad de las interacciones en línea. Esta sensación de presencia se logra a través de tecnologías de realidad virtual, como pantallas montadas en la cabeza. 
  2. La interoperabilidad significa poder viajar sin problemas entre espacios virtuales con los mismos activos virtuales, como avatares y elementos digitales. ReadyPlayerMe permite a las personas crear un avatar que pueden usar en cientos de mundos virtuales diferentes, incluso en reuniones de Zoom a través de aplicaciones como Animaze. Mientras tanto, las tecnologías blockchain como las criptomonedas y los tokens no fungibles facilitan la transferencia de bienes digitales a través de fronteras virtuales. 
  3. La estandarización es lo que permite la interoperabilidad de plataformas y servicios en todo el metaverso. Como ocurre con todas las tecnologías de los medios de comunicación, desde la imprenta hasta los mensajes de texto, los estándares tecnológicos comunes son esenciales para una adopción generalizada.  
Para Alicia Pomares (2021) se trata de un universo virtual al que podremos entrar para vivir experiencias e interactuar con otros millones de usuarios. Un espacio en el que tendremos una vida paralela: podremos ir de compras, de viaje con nuestros amigos, ir a conciertos sin miedo al COVID-19, acudir a espacios donde charlar con miles de personas y hacer reuniones de trabajo en nuestras oficinas virtuales (o en las de otras empresas). Incluso, podremos ir a conferencias, eventos y cursos de formación, así  como negociar contratos, presentar productos y todo lo que nos podamos imaginar.
 
Según Rob Scott (2021), el metaverso actual es un mundo virtual compartido, donde los avatares digitales representan a las personas y el entorno es capaz de adaptarse constantemente. El mundo virtual en un metaverso puede cambiar según las decisiones de las personas que lo integran. Es posible que haya notado ejemplos en el sector de los videojuegos, donde las personas están comenzando a crear nuevos entornos para sí mismos en cosas como Fortnite y VR Chat. Sin embargo, el Metaverso también tiene la oportunidad de cambiar la forma en que trabajamos. En comparación con cosas como el chat de video, un metaverso nos daría un entorno compartido donde podemos compartir presencia con las personas con las que interactuamos. La comunicación a través de avatares podría ser la nueva alternativa a la fatiga de las teleconferencias. 

Los desarrolladores de Virbela creen que en el futuro, las interacciones basadas en avatares impulsarán gran parte de la forma en que las personas interactúan. Las generaciones más jóvenes ya se sienten perfectamente cómodas como avatares. Los juegos y plataformas populares como Minecraft y Second Live reflejan lo que es importante para todos: cabello, atuendos, diseño de interiores, música, baile o deportes y académicos. A medida que la Generación Z se una a la fuerza laboral, el Metaverso será tan natural para ellos como subirse al automóvil e ir a lugares es para los de la Generación X (Virbela, 2021).
 
El metaverso es un concepto de ciencia ficción que muchas personas en la industria de la tecnología imaginan como el sucesor de la Internet actual. En este momento, es solo una visión, pero las empresas tecnológicas como Facebook tienen como objetivo convertirlo en el escenario de muchas actividades en línea, incluido el trabajo, el juego, el estudio y las compras (WEF, 2021). También se habla de la posibilidad de que Meta incorpore las criptomonedas en su nuevo mundo virtual. Algunos empresarios e inversionistas creen que esto sería una excelente oportunidad para atraer a más personas a los activos digitales. Se estima que si el 1 por ciento de los 3,000 millones de usuarios en todo el mundo adoptara las criptomonedas, eso significaría que 30 millones de nuevos usuarios estarían generando ingresos en los Zuckerverse. Los pronósticos no se hacen esperar. Se habla del gran impacto en el ámbito laboral remoto, meta-influencers ofreciendo interesantes conferencias, organismos de todo tipo coordinando eventos de desarrollo profesional, impactantes conciertos con artistas avatares, eventos sociales transculturales en diversidad de escenarios inmersivos, entre otros eventos. 
 
Empresas grandes y pequeñas han estado probando plataformas basadas en avatar para el trabajo híbrido y remoto desde que comenzaron los cierres del COVID-19. Con los visores Oculus VR, Horizon Workrooms de Facebook, se prevé un futuro cercano en el que las personas se encontrarán virtualmente en un mundo virtual flotante y sin alma. Mientras que el metaverso de los videojuegos ofrecerá mucho espacio para la imaginación y la conexión, el metaverso corporativo correrá el riesgo de repetir y potencialmente magnificar los defectos del mundo real. Un informe de 2020 de la consultora PwC predice que casi 23.5 millones de empleos en todo el mundo utilizarán Realidad Virtual y Aumentada en 2030 para realizar tareas como capacitación de empleados, reuniones y servicio al cliente (Megan Carnegie, 2021).
 
La pregunta que muchos estaríamos haciendo es: ¿Cuál será el impacto de los metaversos en la Educación Superior? ¿Cómo se aprenderá? ¿Quiénes aprenderán? ¿Cómo se diseñarán los nuevos esenarios educativos inmersivos? ¿Quiénes estarán a cargo de la meta-educación? ¿Hablaremos ahora de meta-educadores y meta-aprendices? ¿Es posible la creación de las Metaversidades
 
Definitivamente, la tecnología digital nos está llevando a lugares nunca imaginados. Navegaremos por lugares mentales y emocionales  muy diferentes a los que estábamos acostumbrados. Nos adentraremos a nuevos ecosistemas sin movernos, cambiando nuestras formas de pensar, actuar y producir. Realizaremos tareas de trabajo en formatos nunca antes imaginados, estableceremos relaciones sociales sostenibles en el tiempo, y aprenderemos nuevos conceptos, destrezas híbridas, habilidades elásticas y competencias transvergentes para realizar tareas de corta duración en trabajos de naturaleza cambiante. Este es el futuro que nos toca adentrarnos a partir de AHORA...

De momento, sólo podré decirles que no habrá un solo metaverso, sino tantos millones de metaversos como ahora existen sitios web en Internet. Podremos crear conjuntamente nuestros propios ciber-mundos e invitar a otros a acompañarnos desde sus hogares, establecimientos públicos, co-working spaces y oficinas, para hacer recorridos virtuales de unos lugares a otros con el toque de un botón. Todo esto lo haremos desde las pantallas de nuestros dispositivos móviles, con las enormes gafas (anteojos) de realidad virtual que pronto parecerán gafas comunes (hololens), y quizás más tarde serán reemplazados por chips en nuestras cabezas. Esto suena muy aterrador, pero no deja de ser una posibilidad futura... 
 
Para tener una idea más clara, los invito a ver este interesante vídeo de Meta como un atisbo del impacto de esta tecnología emergente... 
 
 

En la segunda parte de esta investigación estaremos adentrándonos en el ámbito educativo superior para contestar la interrogante inicial ¿Es posible la Metauniversidad? Los invito a estar pendientes...

sábado, 17 de julio de 2021

Educación y Trabajo Remoto (Parte II)

Este artículo es la segunda parte de la investigación titulada Educación y Trabajo Remoto. La misma se centra en el ámbito tecno-educativo en tiempos pandémicos.

Si bien COVID-19 obligó al sistema escolar e instituciones universitarias a la Educación Remota de la noche a la mañana, las oportunidades emergentes para la transformación educativa solo se realizarán si los docentes están abiertos a adaptarse frente al cambio rápido y disruptivo. Asimismo, la pandemia aceleró nuestra voluntad de traspasar algunas tareas a la tecnología y de automatizar las tareas rutinarias y predecibles como una forma de reducir el riesgo y escalar nuevas soluciones a la crisis salubrista de 2020-21.

No cabe la mayor duda que el futuro educativo se basa menos en los éxitos del pasado. No es que estemos en medio de una crisis abismal, sino en una nueva época que demanda una verdadera transformación educativa. Actualmente los títulos académicos todavía se consideran como sellos de competencia profesional vitalicia. Estos tienden a crear una falsa sensación de seguridad, perpetuando la ilusión de que el trabajo y conocimientos requeridos son estáticos en el tiempo, cuando en realidad ya no lo son. Incluso, los títulos ni los rangos académicos se consideran superpoderes que nos convierten en entes intocables. Hoy día, somos tan vulnerables como cualquier otro profesional en riesgo de ser despedido, cesanteado, subempleado o simplemente inempleable.

Durante demasiados años hemos confundido la formación con el aprendizaje. La  formación es la metadona de la transformación. El aprendizaje es el motor de la transformación. La formación puede ser una decisión corporativa. Pero aprender es una elección personal. La formación era algo que los de arriba recetaban a los de abajo. Los directivos no tenían tiempo para formase, ya no lo necesitaban, ya habían llegado a la cúpula, ¿quién les iba a enseñar nada? Hoy, en cambio, cuando tenemos directivos que no aprenden sabemos que condenarán suavemente a sus  equipos a la mediocridad. Los directivos que no aprenden ahuyentan al talento. Profesionalmente respetamos más a aquellos de los que aprendemos, simplemente porque nos ayudan a crecer (Xavier Marcet, 2021).

En estos tiempos turbulentos, los docentes y administradores que no se articulen a la altura del tiempo son las que se quedarán atrás. Tuvieron 16 meses para aprender algo nuevo, adaptarse al cambio, fallar, caerse y seguir hacia adelante. El impulso constante es la clave de la innovación educativa en este momento. Dicha innovación no consiste en hacer el trabajo docente más fácil con los recursos tecnológicos. De lo que se trata es de dejar que el cerebro haga su trabajo: crear conexiones de redes cognitivas. Sin tiempo para el pensamiento cognitivo de orden superior, las innovaciones quedarán enterradas en los escombros de la Educación Clásica. Por tal razón, aquellas instituciones universitarias que no sepan cambiarse a sí mismas estarán condenadas a desaparecer.  

Es por eso que muchos pensamos que la rígida estuctura organizacional de la Universidad y su modelo operacional no son adecuados para la Educación 4.0. Ya no tenemos el mismo tiempo de antes para seguir la fórmula estándar de crear un nuevo programa académico desde cero. Esto puede tomar una década desde el momento en que identifica una necesidad del mercado hasta que obtiene la credencial de su primer estudiante. La educación superior debe adaptarse a un mundo que se mueve mucho más rápido. Para sobrevivir, el sistema universitario necesitará aprender a la misma velocidad con la que cambia el entorno. Y debe hacerlo más rápido si lo que pretende es avanzar. Su estructura lineal estandarizada no tiene sentido ni es eficaz. La formación más importantre en estos tiempos pandémicos es la de convertir a los administradores y docentes en traductores digitales que sepan trasladar sus tareas al paradigma del trabajo remoto, híbrido y automatizado. De esta manera podrían dedicarse más tiempo al aprendizaje cuando estén reunidos con sus alumnos. A medida que el cambio acelerado corta la vida útil de los productos, servicios y modelos educativos convencionales, necesitamos más educadores exploradores de nuevas alternativas tecno-pedagógicas que les permita explotar sus capacidades creativas. 

"El futuro necesitará universidades que sepan leer las necesidades individuales de las personas, que motiven a la transformación de sus realidades con estrategias disruptivas apoyadas en tecnologías. Todo ello en un escenario de incertidumbres y complejidad" (Rafael Martínez Campoblanco). La prosperidad social no surje de la mera transmisión del conocimiento, sino de la velocidad y capacidad de explotarlo con las tecnologías que tenemos disponibles. Se necesita empoderar a los docentes y empleados para trabajar en entornos complejos auto-gestionados. La mejor reforma educativa consiste en dejar de enseñar lo que sabe el profesor, para accionar los conocimientos que necesitan aprender los estudiantes a través de experiencias de aprendizaje adaptadas a la era digital. Me refiero a prácticas educativas de alto impacto, vinculada al contexto histórico en el que nos encontramos, una educación más intencional, coherente, evolutiva y transformadora. 

El trabajo y aprendizaje se están desconectando del tiempo y espacio. Las universidades deberían desprenderse de la vigilancia continua y el ajetreo visible, para avanzar más hacia el aprendizaje hiperconectado con resultados visibles y mayor confianza en las capacidades cognitivas de los discentes. El gran reto educativo no es solo aprender nuevos conocimientos, sino comprender cómo gestionar la realidad que se representa ante nosotros: Un mundo incierto, ambiguo, caótico y de trayectorias cambiantes. Mientras la Educación Clásica se relaciona más al lugar y tiempo de la enseñanza, el Aprendizaje en Línea se relaciona más al estado mental en diversidad de contextos. La educación del milenio debería moverse más a la velocidad de los que aprenden, no a la de los que enseñan. El mundo moderno requiere personas con capacidades ágiles de aprendizaje para evitar inhibir lo nuevo. El reto de crear vínculos valiosos no depende de la tecnología, sino de la calidad de la experiencia de aprendizaje. El líder educativo no administra distancias, se enfoca en los tiempos e intensidades de las relaciones. La Educación en Línea no es cuestión de ancho de bandas, sino de ancho de almas...  

La disrupción educativa no representa un problema porque es un cliché o porque el ritmo de cambio la acelera más. En cambio, es un problema porque nuestra infraestructura organizacional y politica no está equipada para manejar las transiciones socio-tecno-pedagógicas significativas de la fuerzas de cambio instruccionales que resultan de tales desplazamientos. Esto se debe a que la tecnología emergente nos está llevando a lugares nunca antes imaginados. Navegamos por lugares mentales y emocionales muy diferentes a los que estábamos acostumbrados. Nos adentramos en nuevos ecosistemas sin movernos, cambiando nuestras formas de pensar, actuar y socializar. 

Encuentro Internacional Educadores Disruptivos (RedLATE MX)
Plataforma RV: Virbela

La educación híbrida va más allá de una programación secuencial de clases presenciales (50%) y virtuales (50%) durante un cíclo académico. Tiene que ver más con la actividad sináptica de pensar y actuar de unas formas en la presencialidad y de otras maneras en diversos contextos virtuales. A lo que se refiere es a la capacidad mental de los estudiantes en experiencias de aprendizaje discontinuas. Cómo crear nuevas conexiones sinápticas, sociales y con nódos de conocimiento no-humanos en diversidad de entornos de aprendizaje.  

Esto nos lleva a pensar en muchas interrogantes: ¿Es igual el aprendizaje en la presencialidad que en la virtualidad? ¿Cómo se aprende en la virtualidad? ¿Cuál es la ganancia cognitiva en los metaversos? ¿Cómo se mide el aprendizaje en los mundos inmersivos? ¿Cómo resolvemos el problema de conectividad de algunos docentes y alumnos? ¿Qué alternativas tendremos para los que no se adapten a las modalidades virtuales? ¿Estarán preparados nuestros profesores para trabajar simultáneamente en la dimensión presencial y virtual? La única manera de saberlo es teorizando nuestra propia práctica docente en la diversidad de contextos. 

No podemos afirmar que aula física desaparecerá en los próximos años. Lo que sí requerirá es una novedosa y poco común transformación. Las personas seguirán necesitando lugares donde puedan reunirse, conectarse, establecer relaciones, desarrollar sus capacidades intelectuales y pragmáticas. En estos momentos el tamaño, la escala y la apertura del aula convencional podría ser una limitación para la calidad de esas relaciones. El reto de mantener las aulas en estados óptimos cada vez que sale un grupo y entra otro nuevo, generará un problema de salubridad para mantener activo el protocolo de seguridad institucional. Esta es una ventaja que tienen los mundos inmersivos ya que no existen amenazas de contagio del Coronavirus. Esto me lleva a pensar que lo que irá desapareciendo con el tiempo son las personas que necesitarían más los espacios físicos para asistir a las clases de sus profesores. 

Las nuevas generaciones buscarán otros entornos de aprendizaje personalizados que les permita socializar, investigar, debatir, experimentar, explorar, pronosticar fenómenos emergentes, colaborar, compartir y generar relaciones sostenibles en el tiempo. Es por eso que pienso que el aula física debería transformarse en un laboratorio social en el que se investiga, explora, experimenta, debate, crea, construye, codifica, reflexiona, socializa y comparte todo un conjunto de conocimientos, destrezas, habilidades, competencias y talentos personales. Así lo expuso Alex Howland en su entrevista en Virbela, 2021: "En el futuro, las interacciones basadas en avatares impulsarán gran parte de la forma en que las personas interactúan. Las generaciones más jóvenes ya se sienten perfectamente cómodas como avatares. Los juegos y plataformas populares como Minecraft y Second Life reflejan lo que es importante para todos: cabello, atuendos, diseño de interiores, música, baile o deportes, y académicos. A medida que la Generación Z se une a la fuerza laboral, el Metaverso será tan natural para ellos como subirse al automóvil e ir a lugares de la Generación X".  

La tecnología digital que tenemos ahora se ideó para realizar actividades socio-cognitivas FUERA del encapsulamiento del aula. Imponer el uso de estas herramientas únicamente en la sala de clases es seguir perpetuando la escasez del sistema educativo. No tiene sentido alguno traer a clase estos dispositivos móviles para replicar la misma pedagogía clásica de antaño. Se desempodera a los docentes y estudiantes de nuevas experiencias de pensamientos cognitivos de orden superior. Por tanto, a esta educación no podríamos llamarle Aprendizaje Móvil, Aprendizaje en Línea, Aprendizaje Híbrido, y mucho menos, Educación a Distancia...

 

Accede la Parte I de esta interesante investigación. 

miércoles, 14 de julio de 2021

Educación y Trabajo Remoto (Parte I)

Foto de Chris Montgomery (Unsplash)

La pandemia del COVID19 fue la punta de lanza que marcó el inicio de la Transformación de la Educación Superior. A pesar de algunas resistencias de los profesores y empleados de la administración, la mayoría de las instituciones universitarias en Puerto Rico no tuvieron pérdidas significativas en sus ciclos académicos. Antes de la pandemia, no era raro que los dirigentes universitarios les exigieran a su personal que se reportatan a trabajar en las instalaciones físicas de sus recintos. Incluso, aquellos docentes que inicialmente fueron adiestrados para dictar cursos híbridos o completamente en línea (previo a la pandemia), tenían que asistir a sus centros de trabajo como de costumbre. No fue hasta el dectreto de cierre (lockdown) provocado por el COVID-19 que se le pidió al personal administrativo y docente que realizaran las tareas esenciales desde sus hogares. El cambio de la educación presencial a la modalidad remota fue abrupto, al igual que el trabajo administrativo.  
 
Ahora que nos encontramos ante un inicio del año académico de manera presencial, el personal docente y no-docente tendrá que presentarse nuevamente a sus entornos laborales. Nuestras instituciones universitarias han demostrado resistencias al futuro laboral flexible, a pesar de que la mayoría de los profesores tenga experiencia dictando sus cursos de manera remota a través de las plataformas de gestión de aprendizajes (LMS). Algunos dirigentes argumentan que el bienestar de los funcionarios administrativos se ve comprometido por el trabajo remoto y que, a menos que los lleven de regreso a la oficina, muchos más sufrirán la "fatiga del zoom". Sin embargo, el trabajo remoto per se no es el problema. El dilema radica en que la forma de trabajar sigue estando intrínsecamente centrada en las tareas de la oficina. La falta de una cultura académica y laboral en la dimensión virtual fue notable.
 
Esto nos lleva a reflexionar sobre el primer elemento de cuándo trabajar. La jornada laboral que conocemos fue diseñada hace mucho tiempo, y ahora en la contingencia de la pandemia, fuimos obligados a cambiar nuestra forma de ofrecer los servicios esenciales a la comunidad educativa. Nunca fuimos preparados para realizar tareas en la nueva modalidad de trabajo remoto. Simplemente nos tuvimos que adaptar a la nueva estructura laboral sin capacitación, adiestramiento, guías ni experiencias previas. Nuestra jornada laboral está organizada en torno al sistema que Henry Ford formalizó en Estados Unidos para los trabajadores de la industria fabril en 1926. La realidad es que el 2021 muchos de nosotros ya no trabajamos en fábricas. ¿Por qué aferrarnos a este formato laboral estandarizado como el único horario en que se debe trabajar? Queda claro que el día lineal de 8 a 4 no es el más adecuado para el formato remoto en el que no tenemos señales concretas para iniciar o culminar nuestros días de trabajo. Como resultado, algunos empleados de la administración universitaria laboramos tiempo extra, días feriados y fines de semana para mantener la continuidad de los servicios esenciales en niveles óptimos.  

El segundo elemento a considerar es el dónde trabajar. Ciertamente, todas nuestras prácticas laborales y académicas están diseñadas en función de la ubicación. Es evidente que aún se considera a la oficina como la sede oficial del trabajo. Incluso el término "remoto" implica que uno se encuentra lejos del lugar donde normalmente realiza su trabajo. Queda claro que la presencialidad en la oficina era necesaria en una época en la que no existía Internet, computadoras ni dispositivos móviles en el hogar. Hace tiempo que hemos demostrado que sí se puede trabajar fuera de nuestro cubículo personal. Muchas de las tareas que realizamos en la oficina ya se pueden hacer en nuestros hogares o establecimientos públicos con conectividad a la web. Gracias al desarrollo tecnológico de 2020, contamos con nuevos softwares, herramientas web, plataformas tecnológicas y aplicaciones móviles gratuitas que nos permitieron hacer lo mismo que se hacía en la oficina y la sala de clases. 

El tercero consiste en el cómo trabajar. Este es el más importante de nuestra reflexión. El origen de la cultura de reuniones data de la década de 1950, mucho antes de que los nuevos recursos tecnológicos permitieran colaborar fuera de esos entornos. El correo electrónico, mensajería instantánea (beepers), sistemas de llamadas (Polycom) e Intranet, dieron los primeros pasos para aumentar la velocidad y eficiencia con la que podemos comunicarnos hoy a través de nuestros dispositivos móviles. Existe una suposición colectiva de que las reuniones y tele-clases sincrónicas son las mejores maneras de ejecutar nuestra práctica laboral o docente. Lo que realmente nos cansa no es el uso tecnológico, sino llevar el mismo diseño obsoleto de trabajo centrado en la oficina a través de las nuevas tecnologías digitales. Trabajamos en un sistema universitario diseñado para el entorno en el que nos relacionamos físicamente. Hasta que las instituciones educativas se sienten a reevaluar porqué seguimos trabajando de la misma manera que se hacía antes y cambien fundamentalmente los aspectos laborales desarticulados e inadecuados de su propósito fundamental, nuestra fatiga laboral seguirá aumentando significativamente. Decretar que los empleados docentes y no-docentes volvamos al trabajo presencial de tiempo completo para realizar tareas remotas no es la solución al retorno de la "normalidad". Sé que muchos de nosotros no queremos renunciar a la flexibilidad que nos facultaría de un poco de control sobre nuestras vidas. Quisiéramos laborar en un sistema universitario que opere dentro de la realidad del contexto histórico en el que nos encontramos. Hay tantas formas en que una plataforma virtual podría aliviar los problemas relacionados con los protocolos de seguridad. Por ejemplo, el hacinamiento en las aulas es un problema común en las aulas de hoy. En el mundo inmersivo, los campus son rápidos y fáciles de escalar, además el interior de las aulas y las oficinas se puede configurar para permitir la personalización de los asientos y pantallas de presentación. Esto también formaría parte de la llamada "Excelencia Académica" que tanto escuchamos en los discursos de nuestros máximos dirigentes.   

La Administración Universitaria debería co-diseñar el trabajo docente y no-docente en torno a las capacidades humanas. El trabajo universitario del milenio ya no tiene que ver con la ubicación, el tiempo y el diseño laboral de antaño. Creo que muchos compañeros trabajarían mejor, permanecerían en la institución por más tiempo y se mantendrían saludables si les permitiera formar parte del co-diseño de un nuevo modelo laboral articulado a la altura de este tiempo. Reportes realizados por diferentes firmas lo demuestran a diario (Deloitte, McKinsey, PwC, Forrester, OECD, Foro Global de Economía, Oxford, Microsoft, LinkedIn, etc.).     
 
Te has preguntado: Si hoy fuese el primer día de la historia del trabajo en la Universidad del Siglo 21, ¿cómo diseñarías tu forma de trabajar? Ahora que tenemos 15 o 16 meses de experiencia, tenemos que sentarnos a negociar un contrato social con nuestros dirigentes educativos para co-diseñar un nuevo modelo de trabajo remoto para empleados de la admninistración universitaria, así como para los docentes. En realidad, el cambio de mayor impacto en este momento ha sido el comportamiento humano, puesto que no ha habido tanta renuencia a utilizar las nuevas herramientas y plataformas tecnológicas.   

Heather McGowan afirma que el qué del trabajo ahora puede pasar a pensar más en las formas en que los trabajadores deben emplear su tiempo. La forma en que trabajamos también merece una nueva mirada. Si bien todavía existe la necesidad de un trabajo por turnos definido en algunas industrias, hoy día muchos trabajadores están más involucrados en un trabajo cognitivo que prospera con diferentes incrementos de tiempo de trabajo, pero que tampoco está limitado por el factor tiempo (Megan Schneider, 2021). Dada la mayor apertura a las modificaciones remotas de emergencia, las opciones de los empleados también ampliarán, porque no estarían limitadas a la proximidad física. Más que nunca, ahora habrá la oportunidad de identificar aquellas universidades que compartirán sus valores y potencialmente unirán sus fuerzas de cambio, independientemente de la geografía de sus empleados.
 
La 4ta Revolución Industrial está fusionando lo físico, biológico y digital en formas que crean tanto promesas como riesgos. La velocidad, amplitud y profundidad nos está obligando a replantearnos la forma en que los países deben desarrollarse, cómo las organizaciones crean valor, e incluso, significan el ser humano. La nueva era del trabajo remoto e híbrido evolucionará el paradigma de que la vida de un empleado estará menos relacionada a la ubicación de su patrono. Son las capacidades humanas las que darán dirección al futuro del trabajo (WEF, 2021). 

Harold Jarche (2021) establece que el trabajo de alto valor en los mercados desarrollados estará en la formación y expansión de nuevas tecnologías. Algunos de los autores se centran en el trabajo remoto-distribuido. Ellos ofrecen cinco razones por las que creen que permanecerá:
  1. Se ha reducido el estigma que rodea al trabajo desde casa.
  2. La experimentación forzada ha ayudado a los empleados y empleadores a superar la inercia, tanto en términos de costos como de expectativas sesgadas sobre el trabajo a distancia.
  3. Los trabajadores y las empresas podrán mantener el trabajo a distancia a un costo marginal más bajo después de la pandemia.
  4. Hay una renuencia generalizada entre muchos a volver a algunas actividades pre-pandémicas.
  5. Ha habido una explosión en la innovación destinada a apoyar el trabajo remoto en los últimos meses. 
Pendientes a la segunda parte de esta investigación que estará dirigida mayormente al ámbito educativo...


 
NOTA: Este artículo es una adaptación del artículo original de:
 
Cambon, A.(2021) The problem isn’t remote working – it’s clinging to office-based practices. Rescatado en red: https://www.theguardian.com/commentisfree/2021/jun/21/remote-working-office-based-practices-offices-employers 
 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Desafíos de la Universidad 2030...

El pasado mes de marzo se cumplió el primer año de una pesadilla global llamada Coronavirus. Fue precisamente en ese mes cuando los gobiernos de todos los países decretaron cierres parciales o totales como mecanismo de defenza ante un micro-enemigo que se propagó por todo el planeta en tan solo tres meses. Hablamos de un fenómeno emergente totalmente desconocido del que no teníamos referencias previas para combatirlo. Sin embargo, las consecuencias han sido impactantes a nivel socio-cultural, científico, tecnológico, salubrista, educativo, económico, empresarial, comercial, industrial y agrario. 

La Ciencia y Tecnología fueron elementos claves en el desarrollo del conocimiento para combartir los estragos de este peligroso virus. Los científicos aseguran tener un avance de nueve años en tan solo doce meses. De igual manera ocurrió en el sector tecnológico. En un año se desarrolló el conocimiento necesario para crear los productos y servicios que estaban destinados a lanzarse en 2025-30. El impacto del Blockchain, CriptoMonedas, Inteligencia Artificial, Machine Learning, Fintech, Internet of Things, Procesos Robóticos Automatizados (RPA), Drones, Nanotecnología, Realidad Aumentada, Realidad Virtual y Tecnología Háptica, se hará sentir en este año en todas las ramas y disciplinas del conocimiento. La Educación Superior no debe quedarse atrás en esta agenda global.

Fernando Dávila (2021), plantea que la tecnología debería facilitar el uso de herramientas como simuladores, laboratorios virtuales, realidad virtual y aumentada, y otras tecnologías que faciliten el proceso de aprendizaje. Más que dictar una clase, los profesores serán los responsables de aprender y poner en práctica todas estas herramientas, pensando en el desarrollo de conocimientos y habilidades de los estudiantes. Lamentablemente, son muchos los académicos que todavía no entienden ni aceptan esta nueva modalidad. Sin embargo, la magnitud de la situación ha forzado a la mayoría de las instituciones a preocuparse por su modelo de educación, desarrollando proyectos y experimentos para explorar el verdadero potencial de la virtualidad

En una entrevista con el diario Perfil (2021), Hugo Pardo Kuklinski establece que "más de veinte años después del inicio de la revolución digital, la mayoría de las universidades siguen sin poder adaptarse a la cultura digital para poder enseñar de manera híbrida. Deberían preguntarse cuáles fueron las oportunidades perdidas hasta ahora y cuáles fueron las que perderán en diez años si no aceleran su adaptación. Es ahora el momento de optimizar el aprendizaje, vivir un campus híbrido y expandir la universidad. Es el momento exacto para el fomento de incubadoras de ideación ágil y laboratorios permanentes de innovación docente. Se debe poner énfasis en acelerar procesos de transformación académica con un mayor sentido de urgencia; diseñar experiencias de aprendizaje centradas en el estudiante y no en el perfil y saberes de profesores y gestores". 

Como la educación en línea es una modalidad muy diferente a la presencial, muchos profesores no quisieron adaptarse a los nuevos modelos, estrategias y técnicas heutagógicas de la era digital. Estos nuevos enfoques establecen que la tecnología digital se diseñó para aprender en diferentes contextos del mundo real. Los estudiantes se apropian de la tecnología de su tiempo para construir nuevas conexiones sinápticas, sociales y con nodos de conocimiendo no-humanos. Los estudiantes de hoy no les interesa utilizar las tecnologías de su tiempo para ver pasivamente las mismas clases de antaño. En cambio, ellos quieren utilizarlas para hacer cosas nuevas y diferentes. Necesitan convertirlas en prótesis de sí mismos para realizar tareas cotidianas de manera inmediata, resolver problemas, acceder la información que necesitan, expandir sus canales comunicativos y aumentar sus niveles de productividad. Los educadores de 2021 nos enfrentamos al gran desafío de atender alumnos altamente pragmáticos que aprenden en medio del movimiento y la distracción, en lugar de permanecer sentados haciendo lecturas crítico-analíticas de extensos volúmenes teóricos escritos por otros. De lo que se habla es de utilizar más los cerebros para la creación reflexiva, y no tanto para la memorización de contenidos declarativos (conceptos, definiciones, datos, fechas, procesos, procedimientos y sistemas).   

La realidad es que nuestros gobernantes y dirigentes educativos ansían retornar a la normalidad para continuar su modelo educativo clásico en el encapsulamiento del aula. Cuando esto ocurra, ¿los educadores abandonarán por completo sus prácticas tecno-educativas aprendidas? Es decir que todos los avances alcanzados en 2020-21 serán echados a un lado para retornar a la nueva normalidad en las salas de clase. Normalidad que reconfigurará el acceso a las instalaciones físicas y el uso de los espacios físicos disponibles para la enseñanza formal. 

Me apena mucho reconocer que el Sistema Educativo fue uno de los sectores perdedores que no supo aprovechar la crisis del Coronavirus para iniciar su transformación organizacional, administrativa y académica. Todos los esfuerzos se centraron en salvar el sistema educativo integrando al 100% el uso de las plataformas tecnológicas para mantener la continuidad académica remota. Maestros, profesores, instructores, capacitadores y adiestradores tuvieron que cambiar repentinamente su metodología presencial por una modalidad remota de emergencia nunca antes experimentada. Tuvieron que adiestrarse de la noche a la mañana en el uso de plataformas tecnológicas (Moodle, Blackboard, Canva, Google Classroom, Edmodo, MS TEAMS, Zoom, Google Meet) para mantenerse conectados con sus estudiantes durante el horario lectivo programado. 

Mientras eso ocurría, un nuevo desafío educativo estaba afectando la continuidad académica: La brecha digital. Miles de niños y jóvenes quedaron desprovistos de los servicios educativos por falta de equipo tecnológico conectado a la Internet. Algunos países tuvieron que recurrir al servicio ambulatorio (lugares abiertos), servicio postal (recursos impresos), la Radio y TV para mantener la educación a flote. Otros países pudieron asignar millonarios fondos para proveer los equipos y servicios necesarios que conectaran los educadores y estudiantes a la educación remota de emergencia. 

¿Qué sucedió con la Educación Remota de Emergencia? Esta modalidad se basó en transferir la educación presencial a las plataformas digitales. Educadores y estudiantes tivieron que permanecer conectados durante largas horas diariamente para reunir sus clases en las plataformas de Tele-Conferencia. Esto generó un fenómeno emergente que le llamamos CoronaTeaching. La falta de una Cultura Educativa Digital provocó situaciones entre docentes y estudiantes que afectaron el proceso de enseñanza y aprendizaje. El desconocimiento sobre Tecnología Educativa, Nuevos Alfabetismos, eLearning, mLearning, bLearning, Educación Asincrónica y Estrategias de Evaluación, generaron cambios en los estados afectivos de los docentes, padres y estudiantes que recibieron los servicios educativos digitales. 

En estos momentos, nos encontramos ante una nueva brecha que amerita mucha investigación y colaboración de la comunidad educativa global. Se trata de la Brecha Cognitiva. Por esta se entiende como la falta de integración efectiva del Conocimiento Experto + Conocimiento Tecnológico + Conocimiento Pedagógico. Muchos educadores tienen conocimiento de sus materias, pero desconocen cómo integrar la tecnología para implantar nuevos modelos pedagógicos en sus clases virtuales. De igual manera, muchos estudiantes son bastante receptivos al utilizar las herramientas tecnológicas, pero desconocen cómo utilizarlas para aprender a generar conocimientos, sostener relaciones sociales y a participar en las plataformas digitales (TIC-TAC-TEP).

Ahora que las vacunas (Phyzer, Johnson & Johndon y Moderna) aparentan contrarestar los efectos del Coronavirus a nivel nacional e internacional, se vislumbra comenzar el nuevo año académico (agosto) con la Educación Presencial Discontinua. Esto requiere una (re)estructuración de los espacios físicos y la implantación de la modalidad Híbrida Flexible (HyFlex) para atender simultáneamente a los estudiantes que asisten al aula y a los que se conectan de manera remota. La nueva directriz administrativa está provocando resistencias en algunos educadores que entienden que esta modalidad representa una carga para ellos. El modelo HyFlex requiere capacitación en el uso de la plataforma tecnológica, práctica docente constante, servicios de apoyo tecnológico a los docentes y estudiantes. Todavía no experimentamos los efectos de su implantación. Pero muy pronto estaremos escribiendo artículos sobre las situaciones no esperadas y el impacto de esta modalidad durante el regreso a la tan esperada normalidad educativa... 

Tomado de: Faculty Forum


Si piensan que al finalizar el 2021 las cosas a regresarán a la normalidad, permítanme mostrarles el siguiente estudio del Foro Global de Economía (WEF). El mismo presenta las posibles Amenazas Globales que estarán afectándonos de ahora en adelante. Les aseguro que el panorama presentado amerita mucha reflexión y preparación para tomar las mejores decisiones posibles. Las siguientes imágenes presentan los peligros presentes en 0-2 años, 3-5 años y 5-10 años. 


De primera instancia, todos los fenómenos emergentes en los próximos dos años ya los estamos viviendo en estos momentos: 

  • Enfermedades contagiosas
  • Crisis de sustento
  • Eventos climáticos extremos
  • Fallas de ciber-seguridad
  • Inequidad digital
  • Estancamiento prolongado
  • Amenazas terroristas
  • Desilución juvenil
  • Eroción de la cohesión social
  • Daño ambiental humano

Lo que no sabemos es cuándo comenzaremos a experimentar las amenazas de los próximos años que definitivamente impactarán el ambito educativo. Ante un futuro difuso, las universidades deberían alinear sus esfuerzos por comprender la realidad que estos desafíos representan: avanzar en investigación, promover encuentros dialógicos, ingresar a la era digital y leer el propio tiempo para ponerlo en relación con las épocas pasadas y con las que están por venir... 


En lo que el acha va y viene, les comparto algunos de las consecuencias que estamos viviendo en estos precisos momentos:

  • Insolvencia Universitaria: Las instituciones educativas estatales comenzarán a sentir disminuciones en sus matrículas, sistemas de pensión en riesgo, infraestructura obsoleta y una dependencia excesiva de fondos externos para costear sus gastos operacionales. Esto provocará que el costo de la matrícula incremente más de lo proyectado. La cantidad de estudiantes que no podrá costear sus estudios irá en aumento. Muchos recurrirán a la ayuda financiera para cubrir sus gastos personales. El impacto del huracán María, los recientes sismos y el Coronavirus han provocado aumentos en la administración universitaria y reducciones en la gestión educativa.


  • Capital humano ineficiente: El cierre total (lockdown) y las órdenes ejecutivas de los gobernantes (restricciones) han dejado al descubierto la incapacidad de algunos empleados administrativos y docentes para realizar sus tareas de manera remota. Simplemente han puesto a sus universidades en nivel abandono al ofrecer un pésimo servicio al estudiantado y a las demás unidades que se esfuerzan en continuar los servicios académicos. Amparándose en el riesgo de contagio, se han dedicado a cobrar sueldos de tiempo completo por realizar tareas de tiempo parcial. La falta de destrezas para trabajar en equipos remotos y la integración efectiva de plataformas tecnológicas para tales fines, han convertido al personal administrativo en ineficiente durante la emergencia nacional. Esto ha provocado que los empleados que trabajan de manera remota efectivamente, tengan que duplicar sus esfuerzos para brindarle la atención a los estudiantes, docentes y compañeros de oficina. De igual manera, existen educadores que se resistieron a diseñar sus cursos en la plataforma de gestión de aprendizajes (LMS). Durante dos términos adadémicos se dedicaron a enviar material didáctico por correo electrónico y administrar exámenes en documentos adjuntos (MS Word) para que los estudiantes los contestaran en fechas límites. Estas personas se han aprovechado de la emergencia sanitaria para trabajar a su conveniencia, no para atender las necesidades de los estudiantes. Lo peor de todo, es que no ha habido concecuencias por sus actos.
     
     
  • Plataformas Tecno-Educativas: Los pésimos servicios ofrecidos durante la pandemia han provocado un éxodo masivo de estudiantes disgustados con su experiencia universitaria. Es por eso que hoy experimentamos un aumento significativo de jóvenes que prefieren inscribirse en los programas alternativos de las plataformas tecnológicas e institutos técnicos. Si nuestras universidades no se han dado a la tarea de reflexionar sobre este fenómeno, es tiempo de sentarse a pensar qué están haciendo mal y cómo pueden corregir las ineficiencias de su modelo organizacional, administrativo y pedagógico. Si no lo hacen a tiempo, correrán en riesgo de tener más empleados que estudiantes... 


  • Credenciales desagregadas: El lanzamiento de programas educativos alternativos ha crecido significativamente este año de emergencia pandémica. Los nanogrados, microcredenciales, micro-certificaciones e insignias digitales están transformando el escenario educativo superior. Infinidad de programas de corta duración han sido lanzados exitosamente en las plataformas tecnológicas de los organismos educativos alternativos y Starups. En varios escritos he mencionado que el eLearning y Diseño Instruccional lo están sacando de las universidades para integrarlo a la educación corporativa. Se habla de certificaciones de corta duración a costos mucho más atractivos que muchas de las ofertas universitarias. La Educación Corporativa está hackeando la Educación Superior de las Universidades.


  • EduTubers, Coaches e Influencers: En diferentes foros educativos he mencionado que los mejores educadores ya no son los que están en las aulas. Los mejores educadores se encuentran en todas partes. Estos profesionales utilizan diversidad de plataformas para enseñar a otros de manera informal, promocionar cursos o seminarios especializados y ofrecer servicios de consultoría (coaching) a personas que quieren emprender nuevos horizontes de posibilidades. Ellos integran herramientas tecnológicas para crear contenidos de valor dirigidos a personas que quieren aprender a la velocidad de su entorno. Educadores de todas las disciplinas se han dado cuenta de que se puede ganar más dinero ofreciendo clases en las plataformas tecnológicas que en las aulas universitarias. Es posible que veamos un aumento de GigEducadores dispuestos a trabajar en las grandes compañías tecnológicas, EdTech startups y organismos educativos emergentes.  


  • Educación asincrónica e informal: Una de las deficiencias que ha tenido la Educación Universitaria es la adaptación de la educación asincrónica e informal. Los profesores obligan a los estudiantes a conectarse a sus tele-clases tal cual ocurría en la presencialidad del aula. Muchos entienden que los estudiantes no aprenden viendo sus clases grabadas. Tenerlos conectados en directo les da un poco más de seguridad y calor humano en su proceso de enseñanza. Pero lo cierto es que no se necesita dictar clases sincrónicas en cada una de las sesiones del curso. Los profesores pueden grabar micro-contenidos vinculados a diversidad de recursos complementarios que pueden ser accedidos en diferentes tiempos. Esa es la característica principal del eLearning. Sin embargo, en algunos cursos se puede aprender de manera sincrónica e informal. Los estudiantes de hoy no necesitan tanto la presencialidad virtual del educador en su proceso de aprendizaje. Tampoco necesitan las paredes del encapsulamiento del aula. Lo que sí necesitan son los servicios de apoyo cuando lo necesiten. El grave problema de muchas universidades es que no poseen el personal de apoyo en turnos variados. Los empleados trabajan en turnos fijos que requieren de un supervisor que certifique su presencia. La cultura laboral de algunas universidades no reconoce el trabajo remoto fuera del horario operacional, pues los supervisores no pueden evidenciar que el empleado trabajó en horarios nocturnos. La consecuencia de esto es que los estudiantes buscarán las instituciones educativas que sí ofrezcan los servicios que necesitan. Estamos en tiempos en que la Universidad es la que tiene que llegar a los estudiantes, y no que los estudiantes tienen que llegar a la Universidad para estar detrás de sus profesores...


    Dilan Ferreira (Unsplash)         





     

Así que si piensa celebrar en grande el regreso a la normalidad en el nuevo ciclo académico, le recuerdo que lo haga tomando en consideración el futuro difuso que se avecina. No podemos permitir que lo que hemos avanzado durante la emergencia del CODID-19, se desvanezca en las memorias de un año académico perdido.

Para mí, el año académico perdido lo fue para las personas que no hicieron nada significativo en estos meses turbulentos. Los que sí avanzaron, fueron los que se atrevieron a probar herramientas nuevas, a fallar en los intentos, a caerse y seguir hacia adelante. A medida que el cambio acelerado acorta la vida útil de los productos, servicios y modelos educativos convencionales, necesitamos más educadores disruptivos que exploren nuevas alternativas tecno-educativas para desarrollar las capacidades que el contexto histórico nos demanda. 

Tal y como expresé en la entrevista con el diario educativo EdSurge, avanzar después de vivir la pandemia del COVID-19 significa cambiar la actitud hacia la tecnología y su implementación en el modelo educativo. No podemos seguir pensando en volver a la normalidad. Es hora de volver a las aulas con la mente abierta y [estar] abiertos a las modalidades combinadas con un plan estructurado y organizado que las apoye. 

El gran desafío educativo no solo consiste en las amenazas globales del siglo 21, sino en enfrentarnos a un sistema educativo decimonónico, deficiente e irrelevante, que pretende perpetuar su modelo anquilosado. Un sistema que no sabe leer los códigos del tiempo que estamos viviendo y los de una sociedad que no necesita las paredes de las catedrales para seguir aprendiendo. Un organismo con funcionarios administrativos, docentes y líderes que no queren cambiar sus modelos mentales para hacer de la universidad un verdadero centro de desarrollo de conocimientos, investigación y creación de activos de valor.

Concluyo este artículo con los siguientes puntos:

  • La innovación Educativa no consiste en hacer el trabajo docente más fácil con la tecnología. Se trata de dejar que el cerebro haga su trabajo: CREAR REDES DE CONOCIMIENTO. Sin tiempo para el trabajo cognitivo superior, las innovaciones educativas quedarán enterradas en los escombros de la Pedagogía Clásica. 
  • La prosperidad de la Educación a Distancia no surge de la mera memorización del conocimiento, sino de la velocidad y capacidad de explotarlo digitalmente.  
  • La Educación del Milenio debe moverse a la velocidad de los que aprenden, no de los que enseñan. El mundo de hoy requiere personas con rápidas capacidades de (des)aprendizaje y (re)aprendizaje para evitar inhibir lo nuevo.
  • (UNESCO) En vez de recurrir a arquitecturas que nos organizan, beberíamos construir infraestructuras que nos conecten.  
  • (Juan D. Farnós) Nada reemplaza a nada. Lo que pasa es que se construye algo nuevo, diferente y propio del tiempo en el que vivimos.  
  • No deberíamos seguir implantando los mismos modelos, estrategias y técnicas pedagógicas utilizadas fallidamente por otros docentes. Debemos comenzar a diseñar nuevos ecosistemas de aprendizaje que mejoren el potencial humano.
  •  Los tiempos poco comunes exigen pensamientos poco comunes. En el mundo cambiante de hoy, la Educación Superior se enfrenta a desafíos nuevos sin precedentes que requieren soluciones ágiles.  
  • La tecnología nos está llevando a lugares nunca imaginados. Navegamos por lugares mentales y emocionales  muy diferentes a los que estábamos acostumbrados. Nos adentramos a nuevos ecosistemas sin movernos, cambiando nuestras formas de pensar, actuar y producir. 
 

 
Lectura recomendada:

Dans, E. (2021) Las catástrofes que vienen. Rescatado en red: https://www.enriquedans.com/2021/06/las-catastrofes-que-vienen.html