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viernes, 3 de agosto de 2012

A transformar las Escuelas de Pedagogía

La mayoría de las universidades públicas y privadas de Puerto Rico cuentan con Programas de Pedagogía en su oferta académica, ya sea a nivel subgraduado, graduado y post graduado. Cada verano se confieren cientos de títulos académicos en diferentes disciplinas del campo de la Educación. No obstante, la prensa, radio, televisión y medios digitales muestran a diario la grave crisis en que se encuentra nuestro Departamento de Educación de Puerto Rico (DEPR), el Sistema Universitario UPR y algunas instituciones privadas de la Isla. Actualmente estamos generando un excedente de profesionales de la educación con muy limitadas oportunidades de ser contratados por el sistema educativo.

El DEPR contempla consolidar escuelas debido la disminución de cerca de 50 mil estudiantes del sistema durante los últimos años. Pero eso no es todo, los resultados de las Pruebas Puertorriqueñas de Aprovechamiento Académico (PPAA) reflejan resultados muy desalentadores (lee artículo). Situación que pone en riesgo al 85.7% de los planteles escolares participantes del programa No Child Left Behind (NCLB) que reciben fondos del Gobierno Federal de los Estados Unidos. A esto hay que añadirle las intenciones del DEPR de clasificar como excentendes a los maestros de Bellas Artes y Educación Física. Hace varios años que el ajedrez fue removido del currículo de Educación Física, por entender que no es un juego que promueve el desarrollo físico o motor y sí el sedentarismo. Esta decisión denota grandemente que los asesores o funcionarios del DEPR que toman decisiones no saben nada sobre la importancia de desarrollar el pensamiento analítico y heurístico de los estudiantes (lee artículo).

Por otra parte, las universidades también están reduciendo su oferta académica en pedagogía. En algunas universidades privadas se contempla decretar la moratoria para los programas de pedagogía por la escasez de estudiantes. Y en el Sistema
UPR se han cerrado varias secciones por la disminución del número de estudiantes matriculados en sus programas. En 2011 se difundió el rumor de que Administración Central tenía intensiones de poner en 'pausa' los programas de educación en varios de sus recintos. Hasta el momento no se han concretado tales rumores.

Cuando de habla del Sistema Educativo Nacional, los medios informativos tradicionales y digitales se centran mayormente en asuntos concernientes a la estructura organizacional (lee artículo). Entre tantos señalamientos hechos, se puede mencionar: la reducción del presupuesto anual, el deterioro de la planta física, la escasez de recursos y herramientas didácticas, las pobres condiciones laborales, la falta de personal administrativo y docente y la reducción de los beneficios marginales. También se difunden noticias sobre
las pésimas gestiones de las pasadas administraciones, la contratación de nuevos funcionarios con exhorbitantes salarios, acuerdos millonarios con compañías privadas, la contratación de personal docente y administrativo con nombramientos a puestos permanentes por su afiliación política.

Sin embargo, estamos perdiendo de perspectiva la importancia de la calidad educativa que nos ofrecen los diferentes programas académicos. Nos estamos centrando demasiado en lo estructural, pero no en lo funcional de nuestro sistema educativo. Tanto las escuelas como las universidades operan con el fin de producir masivamente funcionarios corporativos que responden a una era industrializada. Una era basada en la producción de materias primas a ser consumidas masivamente por una sociedad homogénea. El sistema educativo se ha dedicado a preparar profesionales centrados mayormente en las ventajas competitivas y no en el beneficio de las ventajas evolutivas que emergen de las nuevas hipersociedades o sociedades aumentadas. Se piensa que todos los estudiantes que salen de la escuela tienen los mismos perfiles, cuando sabemos que en esta era sus perfiles son completamente universales.
 

Ningún medio noticioso ha investigado a profundidad la calidad de los programas de pedagogía. Ni se ha escuchado a ningún sector social exigir una mayor calidad educativa. Lo cierto es que contamos con un sistema educativo anquilosado basado en las determinaciones de las esferas superiores. Estamos generando profesionales que consumen recursos y materiales instruccionales creados por otras entidades. Profesionales a los que se les impone lo que tienen que hacer en el aula con el fin de generar resultados satisfactorios en la evaluación sumativa. Se habla de educadores que no pueden aplicar las nuevas teorías, modelos instruccionales, técinas y estrategias de enseñanza-aprendizaje en sus propias aulas, porque el sistema no permite que se pueda trascender la visión y misión costoplacista establecidas hace muchas décadas atrás. 

La estructura organizacional actual funciona bajo el paradigma de que los estudiantes van a estudiar, los educadores van a enseñar, y los administradores son los que gobiernan. A la alta gerencia no le interesa las condiciones laborales de sus empleados (docentes y administrativos), ni la educación de la comunidad estudiantil. Ellos están más pendientes de sobrevivir en la estructura que tantos beneficios personales les deja, obligando a duplicar esfuerzos e invirtiendo en gastos superfluos para tratar de revivirla. Esto le hace un daño garrafal a la educación porque seguimos bajo una estructura vertical en la que unos pocos tomarán las desiciones que más les convenga y el resto de los empleados las tiene que acatar. Sin embargo, las nuevas estructuras organizacionales no consisten en dictar órdenes los unos a los otros, sino de laborar conjuntamente por el desarrollo a gran escala de un país. El buen líder no es el que exige a sus empleados alcanzar los grandes logros propuestos, sino el que proporciona los recursos adecuados para el desarollo y crecimiento colectivo de cada uno de los miembros.

Entre 2009 y 2010, un grupo de educadores ha iniciado un nuevo movimiento a favor de una nueva pedagogía. Aquí en la Isla se ha establecido dos interesantes redes de innovación colaborativa que le sirve a la comuindad educativa: La Red de Educadores Puertorriqueños y la Red de Recursos para Maestros de Puerto Rico. Un dato interesante a resaltar es que ambas redes son iniciativas de  educadores comprometidos con nuestro sistema escolar, donde muy pocos profesores universitarios participan aportando sus conocimientos y experiencias. Para sostener la plataforma social en la web, los fundadores requieren de la aportación económica de sus propios miembros o de las entidades que deseen hacer donativos a tales fines. Estos entornos digitales han sido lanzados a la web para abrir el sendero hacia un nuevo orden educativo. Una educación disruptiva que derrumba las murallas impuestas por el sistema educativo tradicional. Nuevas estructuras horizontales basadas en la innovación colaborativa, el aprendizaje colectivo, aprendizaje contextual, la apertura del conocimiento, la flexibilidad y en la ruptura de un sistema educativo económicamente insostenible y pedagógicamente irrelevante para nuestra sociedad.
Una red de educadores que se integran para sumar a la agenda educativa y no para restar. Un nuevo centro de apoyo a la docencia que genera exitosos proyectos tecno-educativos con gastos mínimos, contrario a lo que hace desastrosamente el DEPR y el Sistema UPR con sus fondos millonarios. 

Con esto no se pretende decir que nuestro sistema ya no aporta al desarrollo de una ciudadanía de provecho para la sociedad, sino que los esfuerzos que hoy se hacen para formar profesionales capaces de aprovecharse de las ventajas evolutivas de la era ya no son suficientes. Contamos con buenos educadores que hacen de 'tripas corazones' para mejorar la calidad de la enseñanza. Pero tener unos cuantos buenos educadores y otros tantos no tan buenos ya no es suficiente porque retroceden los pocos avances que los estudiantes hayan alcanzado previamente. Necesitamos profesionales altamente competentes, visionarios desafiantes, creativos, productivos, innovadores y emprendedores que no le temen a la incertidumbre de lo desconocido. No tiene sentido seguir en lo que no funciona por temor al fracaso, si el fracaso nos tiene arropados en la miseria ahora mismo.

Los programas de pedagogía no deben seguir siendo la opción de escape para algunos profesionales frustrados provenientes de la empresa privada. Tampoco debe ser el programa de menor índice académico para ingresar al departamento. Ser educador en el siglo 21 requiere de una vocación genuna, altas capacidades cognitivas, conocimiento actualizado de la/s disciplina/s, conocimientos pedagógicos de la/s disciplina/s y altas destrezas tecno-educativas. Los educadores deberían leer constantemente, condicir monográficos investigativos, implantar nuevas prácticas instruccionales y generar nuevas narrativas de sus experiencias en diversos formatos de distribución.

De aquí en adelante es que partirá la discusión sobre la verdadera transformación que necesitan nuestras escuelas de pedagogía. En diversos Programas de Educación en los que he participado y en conversaciones con estudiantes de diferentes instituciones educativas, pude apreciar la baja calidad en la prestación de servicios generales y una enseñanza nivel básico con metodologías instruccionales totalmente desarticuladas de nuestra realidad socio-cultural.

He aquí algunas sugerencias:

  1. Actualización del conocimiento disciplinar: Muchos educadores tienden a quedarse con el conocimiento adquirido en sus años de estudios graduados o post-graduados. Piensan que con lo que ya saben es suficiente como para subir al podio a transmitir sus conocimientos en conferencias magistrales hechas en PowerPoint™. Creen que aún nos encontramos en una época en donde las personas se especializan en una sola área de la materia. El campo de la pedagogía posee múltiples ramas de conocimiento y es responsabilidad de las facultades complementar lo viejo con lo nuevo que surge en el campo. No está mal estudiar los postulados de Skinner, Pavlov, Piaget, Vigotsky, Dewey, Freire, de Hostos, Gardner, Goleman y otros grandes filósofos/teóricos/pensadores de la educación. El problema es que los estudiantes están quedándose atrapados en dimensiones completamente desincronizadas de sus propias prácticas de aprendizaje. ¿Cómo es posible que no se estudie el impacto de las tabletas en el proceso de aprendizaje de los nativos digitales? ¿Por qué no se incorporan las redes sociales en el contexto educativo? ¿Qué de malo tiene que los estudiantes creen sus Entornos Personales de Aprendizaje? ¿Por qué no se estudia la Teoría del Conectivismo?

    En esta era se estudia más el aprendizaje desde la dimensión sináptica que de la acostumbrada psicología conductual (lee este artículo). Cómo actúa el cerebro ante la diversidad de elementos externos cuando pensamos y actuamos en un contexto particular. Cómo interaccionan las redes de conexiones neuronales al generar conocimientos novedosos, procesos/procedimientos sofisticados, sistemas evolutivos o productos innovadores. Se tiende más a memorizar las posturas filosóficas y teóricas de otras eras, pero no a transformar las propias prácticas pedagógicas complementándolas con los grandes avances que se están dando en la actualidad. Se sigue  formando educadores con los mismos conocimientos, destrezas y actitudes pedagógicas de antaño. Se supone que las Escuelas de Pedagogía conviertan sus salas encapsuladas en 'estudios' de investigación activa donde se generan nuevos conocimientos, estrategias, técnicas, metodologías, modelos y teorías de aprendizaje de acuerdo a nuestro contexto socio-cultural. Actualizarse consiste en estudiar más el complejo proceso de conexiones de aprendizaje y no en emular las prácticas cotidianas de otros que ya enseñaron. Los estudiantes deberían comprometerse más con el aprendizaje fuera de la clase. En vez de dedicarse a resolver problemas pre-planificados, deberían ofrecer explicaciones, analogías y formular preguntas que ayuden a definir conceptos dirigidos a solucionar sus propios problelmas.
  2. Transformación de la práctica pedagógica: Cómo se puede transformar nuestra educación si se sigue haciendo lo mismo de siempre con la esperanza de alcanzar nuevos resultados. La verdadera práctica de las escuelas de pedagogía deberían consistir mayormente en el acceso a las salas de clase real para investigar el impacto de nuevos contextos, entornos, escenarios, recursos y herramientas empleadas, y las relaciones entre tutores/mentores/coaches/moderadores y los estudiantes que participan activamente en las actividades. No se puede enseñar efectivamente si se desconoce cómo aprenden los estudiantes de esta era. Si no se toman en cuenta sus gustos, prefrencias, intereses y necesidades particulares. Nuestro sistema pretende crear profesionales consumidores de currículos 'one-size-fits-all' cuando hoy día se habla de currículos personalizados/transversales, programas a la carta y de programas curriculares adaptativos. Se pretende enseñar todas las materias desde un solo lugar, con los mismos recursos didácticos, las mismas herramientas y las mismas estrategias de evaluación. A esto no se le puede llamar Educación, y mucho menos Pedagogía. La práctica tradicional se queda muy corta comparada con verdadero significado de lo que es la Pedagogía del Siglo 21. Para llevar la práctica metodológica tradicional no hay que tener diplomas, certificados o titulados en pedagogía. Eso lo puede hacer cualquiera.

    El gran reto del Educador del Siglo 21 consiste en adaptar el conocimiento de la disciplina a los múltiples estilos de aprendizaje del alumnado. Muchos estudiantes-practicantes son preparados para dictar la materia a su comodidad personal porque así es más fácil evaluar el aprendizaje de los demás. Pero no son preparados para teorizar su propia práctica a fin de contestar las interrogantes sobre cómo aprende el ser humano.
    En vez de estar pegados a los pupitres, los practicantes deberían estár en las aulas aprendiendo del contexto real y desarrollando nuevas narrativas pedagógicas que ayuden a otros a idear nuevas soluciones metodológicas inovadoras y creativas. Los educadores ya deben dejar de ser transmisores o intermediarios del conocimiento. Ahora deben ser más edu-científicos que planteen inquietudes desafiantes sobre cómo hacer cosas nuevas en un mundo completamente diferente; un mundo multidimensional, globalizado e hiperconectado.
  3. Educación con tecnología/Tecnologización de la educación:  Por décadas se sabe que la tecnología es utilizada en la educación para proporcionar oportunidades de aprendizajes, no para enseñar. Por tanto, es necesario que nuestros futuros educadores la utilicen para conectarse con nuevas formas de representación del conocimiento, nuevas formas de comunicarse con los otros y de expresar sus ideas, experiencias, opiniones y sentir, a través de recursos o herramientas con las que se sienten identificados. No sólo se trata de saber la instrumentalidad de los artilugios o dispositivos del momento, sino de saberlos incorporar apropiadamente en la diversidad de contextos con fines de extender sus capacidades de comunicación, aumentar los niveles personales de productividad y gestionar nuevos productos de contenido digital que pueden servir de utilidad a la comunidad educativa. Algunos educadores piensan que trabajando con herramientas ofimáticas (MS Office™) y alojando su/s curso/s en MOODLE o BlackBoard ya no necesitan mayores conocimientos tecnológicos. Esa es una actitud bastante desacertada.

    Tecnologizar la educación no consiste en transferir las conferencias magistrales análogas al formato digital, sino de dinamizar nuevos entornos de aprendizaje crítico natural, en los que interaccionan educadores, profesionales y alumnos dispersos en distintas partes.
    Ya basta con escuchar los sermones unidireccionales del párroco o pastor de la iglesia en los que uno no puede argumentar o compartir puntos de vista divergentes. La esencia de la  pedagogía se compone de la participación, colaboración, involucramiento, creación, producción, filtrado de información, difusión y un genuino compartir. Que el conocimiento  o proyecto digital desarrollado no sea una mera experiencia de aprendizaje personal, sino que se convierta en un importante referente global. 

    El sistema educativo debería contemplar la adopción de plataformas cognitivas sociales de libre acceso al conocimiento. De nada sirve la costosa adquisición de hardware, software, plataformas o aplicaciones que solo pueden ser utilizadas en el aula, cerrando así las oportunidades de aprendizaje multicontextual, multiplataforma, multiformato y multidireccional. La idea de tecnologizar la educación se enfoca en que los estudiantes se conecten con sus procesos de aprendizaje con cualquier dispositivo electrónico a cualquier hora y desde cualquier lugar. Sabemos que las universidades, escuelas y bibliotecas ya no son los centros exclusivos del conocimiento. Todo lo contrario, deberían ser 'infotecas'; centros de vinculación comunitaria donde se destilan investigaciones, experimentos, demostraciones, debates, presentación de hallazgos impactantes y un compartir de pensamiento divergente. Ya no se trata de consumir productos didácticos de las casas editoriales, sino de producir nuestros propios recursos digitales a ser compartidos con la comunidad educativa global. La tecnología en la educación no representa una distracción para los estudiantes, pues la tecnología somos nosotros mismos y las actitudes que vamos generando conforme a la manera en que nos apropiamos de la diversidad de recursos electrónicos.
Cierro esta entrada con el siguiente pensamiento: 


Lo mismo ocurre con nuestras Escuelas de Pedagogía:
"Si queremos una pedagogía de calidad para la sociedad de la información, necesitamos centros educativos y profesores de la sociedad de la información"

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